martes, 22 de mayo de 2012
"BONSAI"
martes, 15 de mayo de 2012
“¿ALGUIEN HA VISTO A LUPITA?”
martes, 8 de mayo de 2012
“DRIVE”
viernes, 4 de mayo de 2012
“BALADA TRISTE DE TROMPETA”
“LA OSCURIDAD”
martes, 17 de abril de 2012
“LA DAMA DE NEGRO”
Es curioso que una cinta de terror bien realizada siempre logre el efecto deseado: mantener al espectador en vilo y hacerlo saltar cada vez que aparece en pantalla algo escabroso repentinamente o una imagen shock, aunque hayamos visto muchísimas películas de este género.
Es el caso de “La Dama de Negro” (2012), dirigida por el británico James Watkins y basada en la novela homónima de la también inglesa Susan Hill, que fue publicada en 1983. Watkins, de 44 años, había dirigido anteriormente sólo un largometraje, “El Lago del Edén” (2008), que no ha sido estrenado en Chile.
“La Dama de Negro” es una historia de fantasmas, ambientada principalmente en una vieja y oscura casona, ubicada en un pequeño pueblo del campo inglés; al cual debe viajar en tren el joven abogado Arthur Kipps (un apropiado Daniel Radcliffe), para ordenar los papeles de la propiedad, ya que sus habitantes han fallecido todos en extrañas circunstancias y la idea es venderla.
Kipps, un individuo bastante racional, se encuentra más predispuesto a creer en espíritus, ya que ha recientemente ha quedado viudo de Stella (Sophie Stuckey), con un pequeño hijo de cuatro años, Joseph (Misha Hardley), quien lo alcanzará en unos días en el mismo pueblo, junto a la Nana, para tomar unos días de descanso.
En el tren conoce al rico hacendado Daily (Ciarán Hinds), su gran aliado en lo que vendrá, ya que el pueblo está lleno de vecinos supersticiosos, que piensan que no hay agitar para nada los objetos ni la historia de la vieja casona, por una suerte de maldición que allí existe, en la cual la Dama de Negro tiene un rol clave.
La cinta maneja acertadamente el suspenso, mediante apropiados movimientos de cámara y montaje, iluminación en tonos grises y negros y música dramática (del compositor estadounidense Marco Beltramí). Estos recursos, si bien no son ninguna novedad en la historia del cine, son efectivos en este filme; que logra el principal objetiva de una película de terror: remover en el espectador ese miedo ancestral a lo desconocido, a lo que escapa a la lógica racional y nos conecta con el mayor de los horrores, la muerte.
miércoles, 11 de abril de 2012
“ESPEJITO ESPEJITO”
La parodia es un género poco cultivado en el cine estadounidense actual; y es mucho más común en cinematografías como la británica y la española. Aunque tiende a pasar desapercibida cuando se trata de la recreación de un clásico cuento infantil; por lo tanto supuestamente dirigida a este tipo de público, más aún cuando la única copia en exhibición está doblada al español.
Es el caso de “Espejito Espejito” (2012), dirigida por el indio Tarsem Singh, y basada con bastante libertad en el cuento “Blanca Nieves y los Siete Enanitos” de los hermanos Grima y que Walt Disney transformó en un clásico del cine de animación.
Singh no es Disney, pero a sus 50 años había dirigido tres largometrajes: “La Celda” (2000), “La Caída: El Sueño de Alexandria” (2006) y “Los Inmortales” (2011), que demuestran su interés por lo fantástico y lo mítico, y que han manifestado su talento para construir mundos imaginarios y de leyenda.
En “Espejito Espejito” le da una vuelta de tuerca hacia la parodia al mundo de Blancanieves (Lily Collins), adquiriendo un rol protagónico la malvada reina (Julia Roberts) y los otrora ingenuos siete enanos, que esta vez adquieren nuevas personalidades: Napoleón (Jordan Prentice), Medio Litro (Mark Povinelli), Comilón (Joe Gnoffo), Grima (Danny Woodburn), Lobo (Sebastián Sarraceno), Carnicero (Martin Klebba) y Sonriente (Ronald Lee Clark), que en esta oportunidad son ladrones, que una vez que conocen a Blanca Nieves se sumarán a su causa para derrotar a la reina; pero que la verdad provocan más risas que espanto.
Este elemento de humor está radicado también en el chambelán de la reina, el gracioso Brighton (Nathan Lane), a quien no le sale nada bien; e incluso en el príncipe Alcott (Armie Hammer) y en su escudero Renbock (Robert Emms), que hacen una pareja bastante ridícula, alejada de los ritos de la almidonada nobleza.
Incluso la reina, sobre todo en sus conversaciones con el espejo, en un lugar casi abstracto, provocan más interés visual y curiosidad, que el mítico horror que provocaba a los pequeños la malvada reina madrastra de la versión original.
