martes, 15 de enero de 2019

“EL REGRESO DE MARY POPPINS”

Los Estudios Disney son responsables de que generaciones de niños y niñas en el mundo creyeran en hadas y duendes, y en el mundo de la imaginación en general. Una de las hadas más eficaces y más queridas por los pequeños espectadores fue Mary Poppins, personaje salido de las novelas de la escritora P.L. Travers y que fue llevado al cine por primera vez en 1964, bajo la dirección de Robert Stevenson y con la actriz Julie Andrews en el rol protagónico.

En Chile es recordada su proyección en el Cine Santa Lucía de la capital, en la pantalla gigante del cinerama, episodio imborrable para los que tuvimos la oportunidad de participar de él. Ahora, nuevamente Disney trae “El Regreso de Mary Poppins” (2018), cinta dirigida, escrita y producida por el cineasta estadounidense Ron Marshall; que igualmente emociona, pero no con la intensidad de la película original.

Marshall, de 58 años, había dirigido anteriormente cinco largometrajes: “Chicago” (2002), “Memorias de una Geisha” (2005), “Nine” (2009), “Piratas del caribe: Navegando en Aguas Misteriosas” (2011) y “En el Bosque” (2014), que lo ubican como un director con oficio, con ojo comercial; pero que carece de la profundidad como para ser considerado un autor.

“El Regreso de Mary Poppins” ratifica estos conceptos, aunque a su favor hay que decir que no era fácil recrear un verdadero clásico del cine infantil, que ya cumplió 55 años de vida; más aún que las copias de la cinta que llegaron a las salas de la región de Valparaíso vienen dobladas al español, lo que le hace perder valor a los diálogos y canciones, originalmente en inglés.

El filme se sostiene en gran medida por el reparto, de gran nivel. Mary Poppins es encarnada por Emily Blunt, que construye un personaje gracioso y liviano, pero que no logra emocionar como la Andrews. Los hermanos Banks, que ya son grandes, Michael (Ben Whishaw) y Jane (Emily Mortimer), logran dar con los roles de adultos que deben recordar lo que es ser niños. Los tres hijos del viudo Michael, los pequeños Anabel (Pixie Davies), John (Nathanael Saleh) y Georgie (Joel Dawson) están acertadísimos; al igual que Jack (Lin-Manuel Miranda), que ahora es farolero. En roles menores el reparto es de lujo: Julie Walters, Meryl Streep, Colin Firth, Dick van Dyke, Angela Lansbury y David Warner.

“MAQUINAS MORTALES”

El Futurismo en el cine da por sentado que la Humanidad va en dirección a la autodestrucción o a una suerte de Apocalipsis; por lo tanto muchas de las películas de este género comienzan con posterioridad a ese momento de exterminio, en el cual sobreviven unos pocos, generalmente los más fuertes o los que tienen mayor capacidad de adaptación.

“Máquinas Mortales” (2018), cinta dirigida por el cineasta neozelandés Christian Rivers y basada en el libro de Philip Reeve, se inscribe dentro de esta línea, en la que se parte del supuesto de que finalmente la especie humana no pudo impedir la destrucción del mundo, a manos de sus propios congéneres. A pesar de eso, curiosamente, se mantienen los mismos conflictos que antes: los buenos contra los malos, los más o menos solidarios, los más o menos contaminantes; es decir, aunque la población es mucho menor, efectivamente no se ve un mundo diferente, sino uno en el cual la Ley de la Selva está mucho más abiertamente declarada, eso es todo. En esta línea, cabe recordar la cinta “Mad Max” (1979) del australiano George Miller, que abrió una veta a este subgénero.

Rivers, de 44 años, dirige su ópera prima con “Máquinas Mortales”; pero antes había trabajado en varias películas con el neozelandés Peter Jackson. De hecho Jackson es uno de los guionistas y productores en “Máquinas Mortales”, lo que habla de la vigente influencia del gran director de “El Señor de los Anillos” sobre Rivers. Esta se manifiesta en el hecho de que en este estreno se da mayor importancia a los personajes y a la historia que sobre los efectos especiales; o dicho de otra manera, que estos últimos están al servicio del argumento y que nunca se utilizan porque sí o como una manera fácil de llamar la atención del espectador o de plantear una supremacía de la acción por sobre los conflictos o desafíos que impone la historia que le da sentido al filme.

En este futuro incierto, las grandes ciudades se transforman en urbes depredadoras que fagocitan a los pequeños pueblos y que se trasladan buscando a sus nuevas presas. En este caso además, son dos los personajes que concentran la atención del espectador: un historiador y museólogo de la ciudad de Londres, Tom (Robert Sheehan) y la renegada Hester Shaw (Hera Hilmar), que lo único que desea es vengarse del asesino de su madre, Thadddeus Valentine (Hugo Weaving), que comanda a la ciudad de Londres y que tiene el proyecto de adueñarse del mundo y acabar con los rebeldes.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

“HELL FEST: JUEGOS DIABOLICOS”

Un parque de entretenciones destinado sólo al terror es una excelente idea para hacer una película en dicho lugar. Más aún si le agregamos un asesino serial que gusta de buscar víctimas jóvenes en ese tipo de ferias, el producto puede ser terrorífico.

“Hell Fest: Juegos Diabólicos” (2018), cinta dirigida y editada por el cineasta estadounidense Gregory Plotkin tiene todos esos elementos pero, la verdad, es que los logros son relativos; porque asusta sólo a ratos, ya que tiene algunas debilidades en el guion.

Plotkin, de 43 años, había dirigido sólo un largometraje: “Actividad Paranormal: La Dimensión Fantasma” (2015); pero había sido editor en conocidas cintas del mismo género: “Huye”, “Feliz Día de Tu Muerte” y “Actividad Paranormal” en sus versiones 2, 3 y 4; lo que explica que sea el montaje la mayor virtud de “Hell Fest”, su título original.

En esta cinta, dos amigas veinteañeras, Natalie (Amy Forsyth) y Brooke (Reign Edwards), se reencuentran después de un año; a las que se suma la amiga de esta última, Taylor (Bex Taylor-Klaus), para asistir al Hell Fest, un parque de diversiones temático por Halloween, sólo dedicado al terror. Las acompañarán los novios de Brooke, Quinn (Christian James) y de Taylor, Asher (Matt Mercurio); y el pretendiente de Natalie, Gavin (Roby Attal), conformando el grupo protagónico del filme, ya que prácticamente todas las acciones girarán en torno de estos seis jóvenes.

Pero un séptimo personaje será clave en la película, el enmascarado asesino serial, al cual nunca se le verá el rostro, lo que acrecentará el misterio y el miedo que provoca este sujeto, que sólo entona una melodía del tipo infantil cada cierto rato, lo que resulta aún más terrorífico.

Otro aspecto logrado son los diversos juegos y experiencias de espanto que viven los jóvenes dentro del parque que, aunque predecibles, siguen siendo eficaces; tal cual le pasa a uno cuando se somete a experiencias de este tipo. Los problemas de la cinta radican en que algunas situaciones son poco creíbles como que los jóvenes van desapareciendo y los demás siguen jugando como si nada y, por último, que el asesino recibe topo tipo de golpes, e incluso una cuchillada, y se para y sigue adelante impávido, como si fuera un gato porfiado.

martes, 18 de diciembre de 2018

“AQUAMAN”

La asociación entre un superhéroe y un actor galán al parecer es la mejor dupla para obtener fuertes ganancias financieras, en el cine comercial de Hollywood. Ahora si su pareja es una bella actriz mucho mejor todavía, porque así la cinta deja conformes tanto a jóvenes de ambos sexos, que van al cine sólo a distraerse y pasar un buen rato.

“Aquaman” (2018), cinta dirigida por el cineasta australiano James Wan, cumple con estas características y se suma a la larga lista de producciones basadas en héroes de las historietas. De hecho, este personaje fue creado en 1941 por Mort Weisinger y Paul Norris para la editorial DC Comics, con bastante éxito, llegando a tener su propia revista durante años.

Wan, de 41 años, había dirigido anteriormente nueve largometrajes; destacándose entre ellos “Saw” (2004), “Dead Silence” (2007), “Demonio” (2010), “El Conjuro” (2013), “La Noche del Demonio 2” (2013) y “El Conjuro 2” (2016), que lo posicionan como un experto en cintas de terror y de suspenso.

Claramente “Aquaman” es un divertimento para Wan, ya que predominan en ella las escenas de acción y los efectos especiales, para recrear el mundo submarino al cual pertenece Arthur Curry (Jason Momoa); a pesar de que nació en la superficie cuando su madre, la reina Atlanna (Nicole Kidman), escapaba de su esposo, el rey de Atlantis; y se enamora del cuidador de un Faro, Tom (Temuera Morrison), quien será su padre.

Ya desde niño Arthur demuestra sus habilidades marinas, pudiendo conversar con los peces y animales acuáticos; y con su sorprendente capacidad natatoria; facultades que le fueron además educadas y supervisadas por el leal Vulko (Willem Dafoe), por encargo de su madre, la cual fue obligada a volver al mar y enviada a morir a la gran Fosa Marina.

La guapa Princesa Mera (Amber Head), hija del rey Nereus (Dolph Lundgren); obligará a Aquaman a volver a sus orígenes submarinos; ya que su medio hermano, el rey Orm (Patrick Wilson), lo único que quiere es iniciar una guerra del mundo acuático contra los habitantes de la superficie, que han contaminado las profundidades y arrasado sus especies, siendo éste el único elemento de contenido en esta superficial y entretenida película, que basa su éxito en los músculos del galán y en la belleza de su pareja.

martes, 11 de diciembre de 2018

“CADAVER”

Trabajar en una Morgue, y sobre todo de noche, es algo extremadamente tétrico y muy apropiado para una película de terror; más aún si a dicho lugar llega el cadáver de una mujer que está poseída por un demonio.

Esto es lo que le espera al espectador en la cinta “Cadáver” (2018), dirigida por el cineasta holandés Diederik Van Rooijen, al presenciar la historia de Megan Reed (Shay Mitchell), ex policía que llega a trabajar al depósito de difuntos; luego de sufrir una crisis de alcoholismo y tener la urgencia de trabajar, aunque sea en algo tan indeseable.

Van Rooijen, de 42 años, había dirigido seis largometrajes en su país de origen, todos desconocidos en la región de Valparaíso; y este es el primer filme que dirige en Estados Unidos, superando la prueba con bastante acierto, lo que demuestra el oficio alcanzado con su experiencia en el poco difundido cine holandés.

La cinta comienza con la escena del infructuoso exorcismo practicado a Hanna Grace (Kirby Johnson); la cual culmina cuando su padre (Louis Herthum), como única salida posible, opta por matarla para que Hanna no siga eliminando sacerdotes durante el rito católico del conjuro.

Luego, toda la cinta transcurre en la Morgue de Boston, donde Megan llega a trabajar, perseguida por el recuerdo de cuando no pudo proteger a su partner en la Policía, lo que le costó salir de la institución y además separarse de su pareja y ex colega, Andrew (Grey Baron), el que igual no la olvida.

La verdad es que desde las primeras escenas en la Morgue, el espectador palpita el horror; tanto por las zonas oscuras y mal iluminadas del lugar como por el buen trabajo de cámara, que hace sospechar la presencia de algo extraño y paranormal. En esto radica la efectividad del filme: la capacidad del director de crear un ambiente sórdido y cargado de malas vibraciones, que mantiene al espectador en vilo y que lo hace saltar más de una vez y retener a duras penas la respiración y los gritos.

Cuando llega a la Morgue el cadáver de Hannah, la cinta decrece en sorpresa, porque es lógico lo que ocurrirá después; aunque el realizador maneja bien las muertes obvias que vendrán, la reaparición del padre de Hannah y la inexplicable inmunidad que tiene Megan a los poderes del demonio.

jueves, 6 de diciembre de 2018

“VIUDAS”

En el cine, sobre todo en las películas policiales, muchas veces la realidad no es lo que parece; y la verdad se va desentrañando poco a poco, con giros inesperados; lo que ayuda a mantener la atención del espectador y a demostrar el talento narrativo del director.

Todo esto ocurre en “Viudas” (2018), cinta dirigida, escrita y producida por el cineasta británico Steve Mc Queen; la cual está basada en la novela homónima de la escritora inglesa Lynda La Plante; y que desde el comienzo juega con la percepción del público; el cual empieza a recibir pistas sólo en la parte final. A esas alturas, el espectador dudará de todo; a las claras uno de los objetivos del realizador.

Mc Queen, de 49 años, había dirigido anteriormente tres largometrajes: “Hunger” (2008), “Shame” (2011) y “12 Años de Esclavitud” (2013), esta última lo posicionó como uno de los buenos directores de las nuevas promociones. Con “Viudas” ratifica esta apreciación, a pesar de que este filme no ha contado con la parafernalia publicitaria de muchas otras cintas de Hollywood de inferior calidad.

El comienzo de la película es bastante tradicional. Los miembros de una banda delictual, a cargo de Harry Rawlings (Liam Neeson), se despiden, cada uno, de sus esposas e hijos, en lo que parece un rito repetido, aunque se siente en el aire que algo distinto ocurrirá. Efectivamente los espera una emboscada, en que morirán todos los mafiosos.

Las esposas de tres de ellos, Verónica (Viola Davis), Linda (Michelle Rodríguez) y Alice (Elizabeth Debicki) deberán enfrentar su nueva realidad y las amenazas de otro mafioso, Jamal Manning (Brian Tyree Henry), a quien Rawlings le debía dos millones de dólares. En una narración paralela, Jamal es candidato a concejal y se enfrenta, con armas no muy limpias, con su contendor, Jack Mulligan (Colin Farrell).

Estas dos realidades, de delito y corrupción, se cruzan y entrecruzan en el filme, mediante un montaje paralelo; que la hace más interesante y entretenida; y que postula que la política y la mafia están profundamente entrelazadas. “Viudas” tiene varias lecturas y son todas posibles, porque la realidad, como lo dijimos, no es lo que parece; es lo que los voluntariosos y aguerridos hacen de ella, incluso más allá de la tragedia.

martes, 27 de noviembre de 2018

“EL PRIMER HOMBRE EN LA LUNA”

Hubo un momento en nuestras vidas que prácticamente todos quisimos ser astronautas y eso se acrecentó cuando en julio de 1969 se transmitió por televisión para todo el mundo la llegada del hombre a la Luna. Pero, a la luz de la cinta “El Primer Hombre en la Luna” (2018), el espectador se da cuenta que no es tan sencillo ser astronauta y que las presiones y exigencias físicas y psicológicas son mucho mayores que las que uno imagina.

“El Primer Hombre en la Luna”, filme dirigido y producido por el cineasta estadounidense Damien Chazelle, relata la etapa de madurez del astronauta e ingeniero Neil Armstrong (Ryan Gosling), comandante del Apolo 11 y el primer ser humano en pisar la Luna, seguido de Buzz Aldrin (Corey Stoll); mientras en la nave, orbitando al satélite, permanecía Mike Collins (Lukas Haas).

Chazelle logra transmitir a plenitud las dificultades para llegar a ser un astronauta del nivel de Armstrong y más aún las pruebas adicionales que tuvo que sortear en su caso específico. Chazelle, de 33 años, llevaba una corta pero exitosa carrera con tres largometrajes: “Guy and Madeline on a Park Bench” (2009), “Whiplash” (2014) y “La La Land” (2016), prestigio que se ratifica con este estreno.

A las altas exigencias físicas para ser piloto de guerra, piloto de pruebas y luego astronauta, todo lo cual fue Armstrong; se debe sumar la temprana muerte de su amada hija Karen, de un tumor cerebral a los dos años; y los reiterados fallecimientos de otros astronautas por accidentes, entre ellos sus grandes amigos Elliot See (Patrick Fugit) y Ed White (Jason Clarke), que lo fueron transformando en un ser ensimismado y con cambios bruscos de humor, lo cual debieron sufrir su esposa Janet (Claire Foy), de gran carácter, y sus hijos Mark y Eric.

Para expresar la presión psicológica y física que debió soportar Armstrong, Chazelle utiliza acertadamente los primeros y primerísimos planos; sobre todo cuando el astronauta se encuentra al interior de las diversas naves que le toco pilotear, transmitiendo la opresión y el imperativo de esta profesión al espectador de manera vívida y realista. Esta presión también la vivió por parte de sus jefes en la Nasa, Deke Slayton (Kyle Chandler) y Bob Gilroth (Ciarán Hinds), que veían en él al piloto más talentoso de su generación; pero que muchas veces tuvo que aislarse para cumplir sus objetivos.