martes, 17 de octubre de 2017

“CONDORITO: LA PELICULA”

Finalmente llegó a Chile la tendencia de Hollywood de llevar al cine a los grandes héroes de las historietas locales. Y qué mejor para este objetivo que llevar al cine al gran personaje del cómic nacional, cual es Condorito, la creación del tremendo dibujante nacional Pepo, a pesar de que no aparece en ninguna parte de los créditos.

Esto porque sus directores no son chilenos, Eduardo Schuldt es peruano y Alex Orrelle es de origen británico y tienen una larga carrera en la animación en Hollywood. Para Orrelle es su primera dirección, en cambio para Schuldt es su séptima dirección, destacándose anteriormente por las cintas “El Delfín: La historia de un Soñador” (2009), “Lars y el Misterio del Portal” (2011) y “Los Ilusionautas” (2012).

Sin embargo, esta coproducción estadounidense-argentino-peruana, logra captar de buena manera tanto el espíritu de Condorito y sus amigos como el dibujo del gran Pepo; por lo cual se puede decir que los chilenos no se sentirán defraudados de esta primera versión del popular personaje en el cine.

La cinta comienza con Condorito jugando un partido de fútbol en el estadio de Pelotillehue, contra el tradicional contrincante, la ciudad de Buenas Peras, sus vecinos. Allí están junto a él Huevo Duro, Pepe Cortisona, Ungenio, Garganta de Lata; y en el público su novia, la bella Yayita; su suegra, Tremebunda; su suegro, Cuasimodo; su compadre Don Chuma; su sobrino, el inolvidable Coné y su perro, el quiltro Washington.

Pero la historia no podía ser tan simple. Participan de ella, un grupo de alienígenas que quieren invadir la tierra, a cargo del malvado pulpo Molosco; y que quiere recuperar un amuleto mágico y poderosísimo que un antepasado de Condorito enteró en el fondo de la tierra, bajo una pirámide de algo parecido a México, adónde deberán viajar en una aventura llena de peligro para Condorito y Coné.

La historia es entretenida y ágil, pasa rápidamente la hora y media que dura la película; sobre todo por la simpatía de Coné y las torpezas de Condorito, el cual debe lidiar con Pepe Cortisona, quien siempre busca quitarle a la guapa Yayita. El otro factor es la buena calidad del dibujo y de la animación, que nada tienen que envidiarle a las grandes cintas de este género, que llegan desde Estados Unidos.

martes, 10 de octubre de 2017

“BLADE RUNNER 2049”

Difícil es hacer una secuela de un filme de culto y además treinta y cinco años después del estreno de la versión original.

Es el caso de “Blade Runner 2049” (2017), cinta dirigida por el canadiense Denis Villeneuve y que es segunda parte del clásico “Blade Runner” (1982), que dirigió Ridley Scott, ambos filmes basados en la novela “¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?” del gran escritor estadounidense de ciencia ficción Philip K. Dick.

Sin embargo, Villeneuve supera la prueba con acierto y genera un filme interesante, que logra recrear el ambiente fantasmagórico y oscuro que construyó Scott en la primera versión. Más que importar la acción, son los personajes y sus vericuetos psicológicos el foco de la narración.

Villeneuve, de 50 años, después de dirigir cuatro largometrajes en su patria, llegó a Hollywood con “La Sospecha” (2013), luego de lo cual dirigió “El Hombre Duplicado” (2013), “Sicario” (2015) y “La Llegada” (2016), en las cuales ha demostrado un talento especial para historias oscuras, con un ritmo interior muy distinto al de las cintas comerciales.

En “Blade Runner 2049” este talento se sintoniza notablemente tanto con el espíritu de la novela como con la cinta de Scott. Ambientada en Los Angeles, California, en un futuro relativamente cercano, la tierra sufre las consecuencias de un desastre nuclear, con un aparente orden a cargo de la policía. Su rostro es la teniente Joshi (Robin Wright) y su agente estrella, o blade runner, es K (Ryan Gosling), cuya especialidad es “retirar” de circulación a los replicantes, humanos artificiales que se construyeron para trabajos peligrosos y como esclavos para las colonias exteriores y que se volvieron ilegales, luego de un motín en Marte.

De hecho, la cinta comienza con una misión, eliminar a Sapper (Dave Bautista), uno de los líderes de la rebelión, pero en la cual descubrirá antecedentes que lo harán apartarse del estándar y cuestionarse seriamente. El resto de la cinta será una búsqueda de sí mismo, en que será acompañado por su pareja virtual Joi (Ana de Armas). En este misterio serán claves su antecesor, Deckard (Harrison Ford) y el jefe de la compañía que fabrica a los nuevos replicantes, Wallace (Jared Leto), en un conflicto que irá humanizando cada vez más a K, para transformarse simplemente en Joe.

martes, 3 de octubre de 2017

“LA MEMORIA DE MI PADRE”

El cine chileno, ya no cabe duda, vive un renacimiento alentador; el cual se ratifica con las nuevas generaciones de cineastas, que dan a conocer sus primeros trabajos.

Dentro de este grupo se encuentra Rodrigo Bacigalupe y su ópera prima “La Memoria de mi Padre” (2017), que relata la difícil relación entre Jesús (Tomás Vidiella), un padre viudo, que se está poniendo senil; y que será cuidado por su hijo Alfonso (Jaime Mc Manus), a pesar de que, hasta ese momento no tenían una muy buena relación. Bacigalupe, en su primer largometraje, oficia no sólo de director, sino también de productor y de editor, lo que grafica el manejo que posee del lenguaje cinematográfico.

El principal desvarío de Jesús será creer que su esposa, Ester (María Izquierdo), sigue viva y que está internada, y sin un peso, en el hospital de El Quisco. Por su parte, Alfonso es un guionista de televisión, que no soporta a su jefe, Ricardo (Marcial Tagle); y que no se compromete con la joven que está saliendo, Antonia (Romina Mena), a pesar de que ella está enamorada de él.

El hecho de tener que vivir obligadamente juntos cambiará tanto a padre como a hijo, pero especialmente a este último; el cual atravesará por varias etapas, para llegar finalmente a la reconciliación con su progenitor, que implicará también asumir decisiones en todos los aspectos de su vida.

Con una cámara reposada, que va reparando en los detalles, y que va construyendo paulatinamente los personajes, principalmente los dos protagónicos, “La Memoria de mi Padre” es una cinta bien armada y bien escrita; y que se mueve en el plano de la emotividad, sin caer en el melodrama, sobre todo por esta cámara tranquila y también por la gran actuación de Vidiella y Mc Manus, quienes construyen a la perfección los rasgos fundamentales de cada rol.

Jesús es mañoso y mal genio; Alfonso es indiferente y desmotivado. El reencuentro entre ambos les permitirá reescribir su relación y superar los resquemores. De alguna manera el hecho de que Jesús esté perdiendo la memoria, permitirá que puedan corregir su pequeña historia, en un viaje interior hacia sus sentimientos y en viaje físico hacia la complicidad de Alfonso, aunque ya les quede poco tiempo juntos.

martes, 26 de septiembre de 2017

“MADRE”

El artista o creador puede tener una lucidez tremenda e interpretar a mucha gente necesitada de respuestas, sobre todo en estos tiempos tan poco alentadores, en que pareciera que el mundo se dirige inexorablemente a una guerra mundial o a la autodestrucción.

Pero para realizar, el creador o poeta necesita tranquilidad y estabilidad; y sobre todo reconocimiento, lo que demuestra que su ego y vanidad son tan grandes como su talento.

Esta podría ser la tesis de “Madre” (2017), cinta dirigida, escrita y producida por el ambicioso cineasta estadounidense Darren Aronofsky, que comienza como un filme de un drama familiar para irse cargando de simbolismos, hasta llegar a la abstracción conceptual.

Aronofsky, de 48 años, había realizado anteriormente cinco largometrajes: “Pi” (1998), “Réquiem por un Sueño” (2000), “La Fuente” (2006), “El Luchador” (2008), “El Cisne Negro” (2010) y “Noé” (2014), cintas que no pasan desapercibidas, ya sea por la temática o por el tratamiento que da a sus películas.

“Madre” no es la excepción. Al comienzo da pequeñas pistas del carácter abstracto que la cinta tiene bajo la superficie: aparece un rostro en llamas, pero que se consume lentamente. Luego, el renacer de una casona quemada; lugar donde vive la responsable de la reconstrucción, la madre (Jennifer Lawrence) y el poeta (Javier Bardem), que atraviesa una etapa de sequía creativa, a pesar de todas las condiciones ideales que su mujer se preocupa de generarle.

Con muchos primeros planos e iluminación natural, que le da una pastosidad plástica a la imagen, Aronofsky construye rápidamente los perfiles psicológicos de estos dos únicos personajes, casi como en una obra de teatro. Todo cambia cuando aparecen repentinamente en escena el hombre (Ed Harris), que es un gran admirador de la obra del poeta y la mujer (Michelle Pfeiffer), que invaden la intimidad de la pareja, con la anuencia del creador, necesitado del halago para poder volver a escribir. La aparición de sus dos hijos adultos (Brian y Domhnall Gleeson), cuyos celos y suerte recuerdan a Caín y Abel, desencadenan el frenético desenlace, cuyo simbolismo va en aumento hasta la explosión final del eterno retorno.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

“BARRY SEAL: SOLO EN AMERICA”

Esta cinta responde a dos características bien acendradas en la identidad de Estados Unidos: que es el país de las oportunidades y que su vocación de intervenir en los países que no responden a su modelo de democracia justifica cualquier medio para lograr sus objetivos.

Y esto no es sólo un decir ya que “Barry Seal: Sólo en América” (2017), cinta dirigida por el cineasta estadounidense Doug Liman, está basada en la vida real de un piloto comercial del país del norte, que trabajó para la CIA, para el Cartel de Medellín y para el general Noriega de Panamá, transformándose en un mercenario millonario, pero con los días contados.

Liman, de 52 años, tiene una larga trayectoria, destacándose por su oficio en películas de acción, siendo las más conocidas “Identidad Bourne” (2002), “Señor y Señora Smith” (2005), “Jumper” (2008), “Poder que Mata” (2010) y “Al Filo del Mañana” (2014); talento que utiliza a cabalidad en este estreno, cuyo ritmo acelerado y adrenalínico no decae en ningún momento.

Seal (Tom Cruise) tenía en su genética el delito, ya que antes de ser reclutado para la CIA por Monty Schafer (Domhnall Gleeson), ya contrabandeaba habanos en sus vuelos comerciales. De ahí en más, aprovechó todas las oportunidades que se le cruzaron en el camino, sin ningún tipo de escrúpulos y sin importarle a qué causa servía su trabajo como piloto, sino sólo ser “el gringo que siempre cumple”.

De este modo, trabajó además para los fundadores del Cartel de Medellín, Jorge Ochoa (Alejandro Edda) y Pablo Escobar (Mauricio Mejía); hizo negocios con el general Manuel Noriega, futuro dictador de Panamá, al amparo de la CIA, con la cual colaboró también para apoyar con armas y entrenamiento a los Contra, en la revolución nicaragüense; y para espiar desde su avión a los movimientos izquierdistas en países como El Salvador y Guatemala.

Lo acertado de la cinta es que todo está contado como una aventura difícil de creer, en la que Seal tuvo el apoyo de su esposa, Lucy (Sara Wright) y en la que se movía como un perfecto equilibrista; hasta que su torpe cuñado, JB (Caleb Landry Jones) llegó a vivir con ellos y comenzó el inicio del fin de esta versión distorsionada del “sueño americano”, que retrata magistralmente los modos habituales de actuar de la inteligencia estadounidense.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

“EL SEDUCTOR”

No se debe hablar de cine femenino o masculino, ya que en la creación no existe el género sino sólo los creadores; pero sí se puede hablar de temas que tienen que ver con lo femenino. La directora estadounidense Sofía Coppola es una cineasta que se ha preocupado de bucear en las particularidades del ser mujer y lo ha realizado con acierto y sensibilidad.

Su último estreno, “El Seductor” (2017), dirigida, escrita y producida por Coppola, y basada en la novela “El Engañado” de Thomas Cullinan, vuelve a sumergirse en la femineidad, a través de una historia ambientada en la Guerra Civil de Estados Unidos.

Coppola, de 46 años, había dirigido anteriormente cinco largometrajes: “Las Vírgenes Suicidas” (1999), “Perdidos en Tokio” (2003), “María Antonieta” (2006), “El Algún Lugar” (2010) y “Adoro la Fama” (2013); de los cuales los tres primeros se estrenaron en la región y que curiosamente tocan el tema de lo femenino, con singular talento.

La trama de “El Seductor” es bastante sencilla, pero no así sus implicancias en los personajes femeninos comprometidos en ella y en el único personaje masculino, que vive las consecuencias de ese modo de ser, de ahí el nombre original de la novela. El cabo del ejército del norte, John McBurney (Colin Farrell) es encontrado herido de una pierna, en un bosque de Virginia, por la pequeña Amy (Oona Laurence), quien lo lleva a su escuela, donde están refugiadas otras cuatro niñas, la profesora Edwina (Kirsten Dunst) y la directora, Martha (Nicole Kidman), que sufren la soledad, el aislamiento y la falta de pasión amorosa.

A pesar de ser sureñas, deciden no entregar al herido; ya que sobre todo a las adultas y a la adolescente Alicia (Elle Fanning) la presencia de McBurney les ha cambiado su rutinaria y tediosa vida. Pero también a las otras niñas, Jane (Angourie Rice), Marie (Addison Riecke) y Emily (Emma Howard), que se arreglan y hacen esfuerzos para congraciarse con el atractivo soldado.

El problema es que McBurney, traicionado por el halago, coquetea con las tres mayores, lo que hace brotar las emociones más terribles de la idiosincrasia femenina, cuales son el despecho y el egoísmo, fuerzas ante las cuales el cabo nada tiene que hacer, ya que además estas mujeres se unen en su contra, volviendo a ser el enemigo común del comienzo del filme.

martes, 5 de septiembre de 2017

“JOHNNY CIEN PESOS: CAPITULO DOS”

No era mala idea filmar veinte años después “Johnny Cien Pesos” (1993), una película policial, pero que reflejó sin querer el Chile post Pinochet con inusual lucidez.

Sobre todo, si la iba a dirigir y producir el mismo director, el cineasta chileno-alemán Gustavo Graef-Marino; pero la verdad es que esta segunda versión, “Johnny Cien Pesos: Capítulo Dos” (2017) decepciona principalmente por problemas en el guion. Graef-Marino, de 61 años, dirigió un largometraje antes del primer Johnny Cien Pesos, la cinta “La Voz” (1989) y después, dos cintas hollywoodenses, “Enemigo de mi Enemigo” e “Instinto Letal”, que al parecer lo alejaron de la realidad nacional.

En las primeras escenas, la cinta entusiasma por la aparición en cuadro de Johnny Cien Pesos, al salir de la cárcel después de veinte años de condena e interpretado por el mismo actor, Armando Araiza, quien tiene una fuerte presencia ante la cámara, a pesar de algunos ripios en su actuación.

Con un montaje paralelo, en que se va alternando su encuentro con un hijo que no conocía, Juan (Lucas Bolvarán) y con su madre; y con una amiga de aquel, Bárbara (Luciana Echeverría); y con el secuestro de Isidora (Ignacia González), en que se ve obligado a participar, como una condena por su pasado delictual, la película entretiene en su primera media hora.

Luego, los problemas de guion se hacen evidentes. El personaje del mafioso, Moni (Juan Pablo Bastidas) no convence; parece gringo pero pontifica sobre la juventud y la realidad chilena. Juan no se comporta como si corriera peligro su vida y la de su padre. Isidora tampoco parece que estuviera secuestrada, sino más bien como que estuviera de picnic. El propio Johnny recibe una lección de manejo de su hijo y se transforma de inmediato en un conductor de película.

Así, suma y sigue, lo que provoca el tedio del espectador. Para llegar al final feliz ocurren una serie de incongruencias: Johnny se encuentra con uno de sus secuestrados hace veinte años, mata a una serie de personajes y sale libre de polvo y paja, contando con la anuencia de la Comisario Aguilera (Francisca Gavilán), transformado en un restaurador de libros antiguos, millonario e intelectual. Definitivamente no es el reflejo del Chile actual.