martes, 25 de abril de 2017

“UN GOLPE CON ESTILO”

Se agradece sinceramente cuando una comedia nos hace reír recurriendo a las mejores armas del género: un guion inteligente y buenas actuaciones.

Esto es lo que ocurre con “Un Golpe de Estilo” (2017), cinta dirigida por el cineasta estadounidense Zach Braff, y remake de la versión original homónima de 1979, que fue dirigida por Martin Brest y protagonizada por George Burns, Art Carney y Lee Srasberg.

Braff, de 42 años, quien había dirigido dos largometrajes, “Tiempo de Volver” (2004) y “Deseo haber estado aquí” (2014), logra una nueva versión con todas las de la ley. Esta historia de amistad de tres pensionados no puede tener un mejor reparto: Joe (Michael Caine), Willie (Morgan Freeman) y Albert (Allan Arkin) son personajes entrañables que, desde el comienzo, generan la simpatía del espectador. El reparto estelar lo completan Ann-Margret (Annie), Christopher Lloyd (Milton) y Matt Dillon (Hamer).

Llevan una vida de adulto mayor bastante normal, hasta que se dan cuenta que su banco los ha engañado respecto de su jubilación; por lo cual deciden asaltarlo; viviendo desde ese momento una serie de peripecias, que harán reír de buena forma al espectador.

A pesar de ser grandes amigos, los tres son muy diferentes, lo que le da riqueza a la historia. Joe es el autor intelectual del robo, no dejará ningún cabo suelto y se inspirará en un robo al mismo banco, del cual le tocó ser testigo. Willie es el más reservado. De hecho no les ha contado a sus amigos que tiene una insuficiencia renal y que debe someterse a un trasplante de urgencia. Albert es el más escéptico en todos los sentidos, ya que no sólo no está muy convencido del robo, sino que tampoco se deja querer por la bella Annie, la que finalmente se transforma en su razón para seguir luchando.

Las grandes actuaciones en los roles protagónicos hacen a los personajes creíbles y queribles, por su gran humanidad, pero sobre todo por la hermosa amistad que cultivan. A pesar de que el desenlace es incierto, el espectador inteligente perdona, en este caso, el final feliz, por dos razones. Primero por el nivel de simpatía que generan los personajes, con los cuales no cuesta nada identificarse; y segundo, porque el compromiso es robar sólo lo que el propio banco les birló en forma fraudulenta, lo que se puede interpretar como una crítica al sistema de seguridad social de Estados Unidos.
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