martes, 18 de abril de 2017

“EL CRISTO CIEGO”

El desierto chileno está lleno de historias; muchas de ellas de dolor y de pobreza, pero también de fe y misticismo.

“El Cristo Ciego” (2016), cinta dirigida y escrita por el cineasta chileno Christopher Murray, recogió parte de esas historias en un largo trabajo de investigación, que se plasmó en un filme de gran belleza plástica y acertada aproximación a algo tan inmaterial como es la fe.

Más aún si se considera que sólo el protagonista, Michael, es interpretado por un actor profesional (Michael Silva); y todos los demás son pobladores del desierto chileno. Murray, de 32 años, había dirigido anteriormente el largometraje de ficción “Manuel de Ribera” (2010) y el documental “Propaganda” (2014), en los cuales también manifiesta un especial interés por la investigación histórica y en terreno.

En “El Cristo Ciego” el protagonista es un mecánico que vive en La Tirana con su padre alcohólico, en un ambiente de polvo y tristeza. No obstante, el comienzo de la cinta es bastante mágico; ya que el espectador presencia cuando Michael, siendo un niño, viajó con su amigo Mauricio, al desierto del Tamarugal para tener una experiencia mística, clavándose las manos a un tamarugo y viendo a Dios en las llamas de una fogata nocturna.

Desde ese episodio, Michael es considerado una especie de profeta; aunque la mayoría de las veces es tratado con burlas e incredulidad; lo que lo acerca más aún a la figura de un Cristo popular y sufriente.

Al enterarse de que su viejo amigo Mauricio está enfermo y con grave peligro de perder una pierna, decide viajar a pie y descalzo a Pisagua, para hacer un milagro y curarlo, ya que su fe consiste en creer que todos tenemos dentro a Dios y por lo tanto todos podemos hacer milagros.

En su larga romería conocerá a mucha gente, hará amigos y enemigos; pero siempre mantendrá ese tono profético en sus dichos y en sus acciones, aunque su comportamiento será completamente humano, lo que le dará un carácter contradictorio. La tesis final de la cinta es que la fe como misterio tiene que ver con la gracia y con la magia de la existencia humana, aspectos que la película logra encarnar acertadamente en estas historias nortinas que cruzan el peregrinaje de Michael.
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