martes, 4 de abril de 2017

“EL CORDERO”

El libre albedrío no es un tema recurrente en la cinematografía nacional. Por eso llama la atención que un director debutante en el largometraje de ficción se atreva con esta temática, más aún si se realiza en el marco de la fe católica.

Esto ocurre con la cinta “El Cordero” (2014), dirigida por el cineasta chileno Juan Francisco Olea; quien antes había dirigido el documental “Mapocho” (2008) y el cortometraje de ficción “El Bluff” (2009).

En su primer largometraje elige una historia que se va complejizando en la medida que van pasando los minutos. En un principio nos muestra una familia aparentemente normal, compuesta por el padre, Domingo (un gran Daniel Muñoz), administrativo que trabaja en la empresa de su suegro, Patricio (Julio Jung); la esposa, Lorena (Trinidad González) y un único hijo adolescente, Roque (Alfonso David).

Esta familia cumple con todos los ritos del catolicismo: misa los domingos, confesión y oración. De hecho, los pecados habituales de Domingo, el pater familia, ni siquiera alcanzan para que el cura Efraín (Roberto Farías) le dé penitencias; a pesar de que tiene algo extraño, como que no quiere tener más hijos.

Todo cambia cuando Domingo mata por accidente a una secretaria de la empresa, al pensar que ésta estaba robando, cuando en realidad estaba en un amorío clandestino nocturno. Ante la insistencia de Domingo, ya que queda sólo con firma semanal, el cura le asigna una penitencia: ir a visitar a la cárcel a un reo, Chester (Gregoy Cohen), y leerle la Biblia, aunque en realidad terminan conversando e identificándose uno con el otro, en una clara señal del quiebre que vendrá

De ahí en más, se comienza a develar la verdadera identidad de Domingo, más cercana al mal que al bien, el que emana del libre albedrío, al cual no estaba acostumbrado, atado por las formas y “verdades” del catolicismo. Como símbolo de esta libertad, aparece la figura de su sobrina Paula (Isidora Urrejola), que lo incentiva a vivir, al igual que a su primo Roque. Salvo algunas incongruencias en el guion, “El Cordero” es una cinta inteligente y perturbadora, plagada de sugerencias, relacionadas con los conceptos del bien y del mal, de la verdadera libertad y de hábitos asumidos por la fuerza de la costumbre y que no pasan por una verdadera revisión personal.
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