martes, 14 de marzo de 2017

“T2 TRAINSPOTTING”

Hacer una secuela veinte años después de una película que fue un hito generacional es sin duda un gran riesgo; pero “T2 Trainspotting” (2017) lo salva con gran acierto y la verdad que resulta tan atractiva como la primera.

Y esto por varias razones, que debieran ser consideradas al momento de realizar secuelas de cintas emblemáticas. Primero que nada, se mantiene el mismo director, el británico Danny Boyle, que con sus sesenta años ha desarrollado una carrera con destacables obras. Las más importantes son “Trainspotting” (1996), “La Playa” (2000), “Millions” (2004), “Quién quiere ser Millonario” (2008), “127 Horas” (2010) y “Steve Jobs” (2015), que dan cuenta de un particular estilo, que considera un ritmo vertiginoso de narración, cimentado en un particular uso de la cámara y del montaje.

“T2 Trainspotting”, dirigida y producida por Boyle y basada en las novelas de Irvine Welsh, no es la excepción. Con un tempo extenuante, la historia de los cuatro amigos irlandeses que se encuentran veinte años después en Edimburgo, es relatada a cien kilómetros por hora, con montaje paralelo, flash backs e incluso división de la pantalla, para poder contar varias cosas al mismo tiempo. La otra gran razón del éxito de la cinta es que se mantienen los mismos actores, lo que otorga un carácter testimonial a la cinta, que va más allá de la ficción de la historia y del artificio del cine.

Después de vivir veinte años en Holanda, Renton (Ewan Mc Gregor) vuelve y se va reencontrando uno a uno con sus otrora compinches, tanto en el delito menor como en la vida desenfrenada, que consideraba básicamente drogas (principalmente heroína), sexo y rock and roll. Primero será con el bueno de Spud (Ewen Bremner), que logra superar la adicción al descubrir su veta literaria, basada en la honestidad de sus relatos autobiográficos.

Luego, buscará a Simon (Jonny Lee Miller), en el que se mezclan los sentimientos de la venganza y el reencuentro; y que ahora regenta un bar de mala muerte y tiene una novia búlgara, Verónika (Anjela Nedyalkova), que nuevamente probará la amistad de ambos. Finalmente, el reencuentro más alucinante será con Begbie (Robert Carlyle), el más violento y revanchista del grupo y que coincidentemente se escapa de la cárcel. La condena de esa generación se encarna magistralmente en la relación de sometimiento que Begbie establece con su hijo Frank Junior (Scot Greenan) y de impotencia con su esposa June (Pauline Turner).
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