martes, 21 de marzo de 2017

“SILENCIO”

Existen pocos directores vivos tan asertivos y prolíficos como el estadounidense Martin Scorsese que, a sus 74 años, tiene cintas iniciales que ya son clásicas y recientes filmes que, no cabe duda, lo serán en unos cuantos años.

“Silencio” (2016), su último estreno cumple con todas las características para transformarse en un hito dentro de la cinematografía mundial; lo que demuestra el grado de madurez que ha alcanzado Scorsese. Dirigida, escrita y producida por él; la cinta está basada en una novela del escritor japonés Shusaku Endo y narra los avatares de tres sacerdotes católicos portugueses en el siglo XVII, que fueron misioneros en el país asiático, con una suerte bastante trágica.

El rol protagónico recae en el padre Rodrigues (Andrew Garfield), quien junto al padre Garupe (Adam Driver), viajan a Japón para buscar los pasos del padre Ferreira (Liam Neeson), del cual se decía que había renegado de la religión católica después de unos años, convirtiéndose en apóstata.

Rodrigues y Garupe siguen el mismo camino, tanto físico como espiritual, de Ferreira, sufriendo las mismas dificultades para dar a conocer la religión católica, en un país ancestralmente budista; y en que las autoridades decretaron al cristianismo fuera de la ley y pernicioso para la población, torturando y ejecutando a los nipones que se convertían al catolicismo.

En el caso de los sacerdotes, también eran torturados; pero la intención última era que renegaran de la religión cristiana, para ser un ejemplo de debilidad ante los orgullosos japoneses, siempre dispuestos a morir por sus creencias y por su honor.

La cinta se puede ver como una simple película histórica, que narra acontecimientos, con bastante realismo; pero tratándose de Scorsese claramente las lecturas posibles son muchas más. Por de pronto, interesa el choque entre dos culturas y la tesis de que en Japón no puede brotar una religión como el catolicismo, por el panteísmo ancestral de los japoneses, representado en el Gobernador e inquisidor (Yssei Ogata). También es notable el trabajo que produce en Ferreira y Rodrigues la tortura psicológica que sufren por años, causando efectos distintos en ambos, lo que justifica la diversidad de narradores que tiene esta gran película.
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