martes, 6 de diciembre de 2016

“SULLY”

Entre tanta pirotecnia de efectos especiales y montajes a velocidad de la luz, se agradece una cinta reposada, rigurosa y en la cual lo importante es el conflicto interior de los personajes y el desarrollo narrativo, que va calando cada vez más profundo en las motivaciones y reacciones de los protagonistas.

Esto ocurre con “Sully” (2016), la última cinta dirigida y producida por el gran cineasta estadounidense Clint Eastwood, basada en los hechos reales relatados en el libro “El Más Alto Deber” por el piloto Chesley “Sully” Sullenberger y el primer oficial Jeffrey Zaslow, que cuenta la odisea que debieron vivir con un avión comercial, al cual le fallaron los dos motores al despegar y tuvo que acuatizar en el Río Hudson, en Nueva York.

Eastwood, de 86 años, es un maestro para narrar pequeñas historias, que dan cuenta de la épica que tienen estos personajes casi anónimos, que sin embargo tienen el valor de seguir adelante, con coraje proporcional al de los grandes protagonistas de la Historia. En esta línea se destacan sus filmes “Bird” (1988), “Cazador Blanco Corazón Negro” (1990), “Un Mundo Perfecto” (1993), “Los Puentes de Madison” (1995), “Crimen Verdadero” (1999), “Río Místico” (2003), “Million Dollar Baby” (2004), “Cartas desde Iwo Jima” (2006), “Gran Torino” (2008), “J.Edgar” (2011) y “El Francotirador” (2014).

En “Sully” el peso dramático recae en el piloto homónimo (Tom Hanks), que sin duda es un héroe; pero que la burocracia legal hace dudar de lo acertado de sus decisiones, en un sumario que está más centrado en el costo de la nave siniestrada que de que se hayan salvado ilesos los 155 pasajeros y tripulantes del avión. Es clave el modo en que Eastwood construye la narración, que no es lineal; ya que a medida que va avanzando la investigación se van esclareciendo los hechos, tanto para los fiscales como para el espectador; e incluso para el propio Sully y su primer oficial, Jeff (Aaron Eckhart).

Las dudas de Sully las conocemos a través de los diálogos telefónicos que sostiene con su esposa, Lorraine (Laura Linney), que dan cuenta de una relación muy cercana. En la escena final es el propio Sully quien da con la respuesta al misterio de que nadie haya muerto: el trabajo de equipo de la tripulación y la suerte de que recibieron ayuda de los mejores guardacostas, bomberos y policías de Nueva York, que en 24 minutos los salvaron de las frías aguas del Hudson.
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