martes, 13 de septiembre de 2016

“EL PRINCIPE INCA”

La búsqueda de los orígenes genealógicos siempre ha sido uno de los gatillantes más frecuentes para la realización del cine documental; y en general los mejores resultados se producen cuando se opta por contar la historia desde la emotividad y no con grandes pretensiones estéticas.

Este es el caso de “El Príncipe Inca” (2016), dirigida, escrita y producida por la cineasta chilena Ana María Hurtado; y que cuenta el viaje que hace Felipe Cusicanqui a Bolivia, en busca de sus antepasados incas, que según su abuelo, y documentos que dejó, pertenecían a la realeza. El propio Felipe narra el viaje y comienza contando lo importante que fueron para él las historias de abuelo boliviano, que lo hicieron sentirse diferente desde pequeño. Ahora ha llegado el momento de saber la verdad y de conocer los lugares y parientes de su legendario abuelo.

En todo caso, la cinta no es literaria. Las imágenes y la cámara están muy bien cuidadas. Existe claramente un relato audiovisual, que posibilita que el viaje tenga mucho más interés. Aquí se nota la mano de la realizadora, que anteriormente había dirigido dos documentales: “Palestina al Sur” (2011) e “Imágenes Paganas” (2005); ya que la cámara se preocupa de mostrar las diferentes capas y lecturas que tiene el viaje de Felipe. Primero está el viaje físico, que se hace por tierra, y en el cual se va acercando paulatinamente a la ciudad de la que provienen los Cusicanqui.

En este nivel es importante el encuentro de Felipe con los lugareños, con los cuales se integra sin ninguna dificultad; y la maravilla de la naturaleza: el desierto, el cielo, las lagunas, los animales causan un tremendo impacto en Felipe y en el espectador, conectando con el viaje interior y de crecimiento que también significa este desplazamiento de Cusicanqui hacia sus orígenes. Además, Felipe va recogiendo algunos objetos en desuso, que se intuye que luego tendrán algún sentido. El viaje total termina en La Paz, en la casa que fuera de su abuelo, y que prontamente será demolida para construir un edificio. La emotividad del documental llega a su clímax, ya que puede recorrer la vieja casa y cerrar un ciclo, que sólo se abre cuando Felipe se muestra como el artista que es, utilizando los materiales y vivencias que trajo de Bolivia.
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