martes, 16 de agosto de 2016

“NERUDA”

No es fácil identificarse con el personaje de Neruda que nos muestra el director Pablo Larraín en la cinta del mismo nombre. Esto porque el cineasta lo desmitifica y lo humaniza desde el primer momento, mostrándolo con todos sus rasgos, que lo hacen, querámoslo o no, un referente fundamental de la historia cultural y política de Chile del siglo XX.

“Neruda” (2016) es el sexto largometraje de Pablo Larraín y el más ambicioso de ellos, ya que retratando a Neruda retrata también a la idiosincrasia nacional. Sus filmes anteriores más destacados fueron “Tony Manero” (2008), “Post Mortem” (2010), “No” (2012) y “El Club” (2015), que lo convierten en uno de los cineastas chilenos más interesantes, ya que sus cintas tiene claramente preocupaciones que superan lo estético y se adentran en la búsqueda de la identidad nacional.

Larraín opta acertadamente por mostrar a Neruda (Luis Gnecco) a través de un episodio fundamental no sólo de su historia personal, sino de la historia del país: cuando el Presidente Gabriel González Videla (Alfredo Castro) promulgó la “Ley Maldita”, que deja fuera de la legalidad a los comunistas, los mismos que lo habían ayudado a elegirse, teniendo al poeta y senador entre sus militantes más conocidos, incluso internacionalmente.

Esto lo obliga a pasar a la clandestinidad, a huir por diversas ciudades de Chile y luego partir hacia Argentina por tierra. Aquí, tiene un rol clave el inspector de la Policía de Investigaciones Oscar Peluchonneau (Gael García Bernal), personaje entre real y de ficción, que se supone tuvo a su cargo la persecución de Neruda. Este policía, que también hace de narrador, va adquiriendo con el paso de las escenas, una densidad de personaje literario, tanto que finalmente no se sabe si lo inventó el propio vate o fue real.

Otro recurso acertado es que los diálogos que sostienen Neruda, ya sea con Delia del Carril (Mercedes Morán), con Víctor Pey (Pablo Derqui), con Jorge Bellet (Alejandro Goic) o Jorge Alessandri (Jaime Vadell) tiene continuidad, a pesar de que cambien de escenario, lo que produce un efecto de gran dinamismo a las conversaciones y genera un ambiente mágico y literario.

La cinta da cuenta de una visión caleidoscópica de Neruda. Así como aparece el poeta político y romántico, también el mujeriego y putero; el que tenía un gran ego, pero también el que se conmovía ante las grandes injusticias.
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