martes, 5 de enero de 2016

“BUS 657”

La intriga y el suspenso son buenos compañeros de la acción en el cine; y eso porque a través de los primeros el espectador tiene tiempo para conocer más a los personajes, sus perfiles psicológicos y las motivaciones que los mueven para actuar de ese modo. Además, la acción por sí sola es agotadora, incluso para el espectador más hiperventilado.

Esto queda una vez más demostrado con el filme “Bus 657” (2015), dirigida por el cineasta estadounidense Scott Mann, que logra una apropiada combinación de escenas de acción con otras de transición, en que los personajes protagónicos se desarrollan y toman opciones frente a los acontecimientos. Este atributo de la película no es menor; sobre todo si tomamos en cuenta que este es apenas el segundo largometraje de Mann. Antes había dirigido “The Tournament” (2009), otra cinta de acción de similares características.

En “Bus 657”, el protagonista es un croupier de un casino, Vaughn (Jeffrey Dean Morgan), que tiene a su hija pequeña enferma con cáncer y que debe operarla con urgencia, para lo cual no tiene el dinero que se necesita. Esto lo lleva a pedírselo al dueño del centro de juego, el mafioso “The Pope” (Robert de Niro), quien se muestra insensible e incluso lo despide.

Desesperado acepta la oferta de otro empleado, Cox (Dave Bautista), para robar el Casino; sobre todo el dinero ilegal que se blanquea en el lugar, ya que no los denunciarán. Pero como en todo robo que se precie de tal, las cosas no pueden salir como están planeadas y se produce una balacera, donde queda herido uno de los asaltantes y el conductor los deja botados, lo que los obliga, en la huida, a asaltar el bus 657 y secuestrarlo con sus pasajeros como rehenes.

Aquí comienza la parte medular del filme, la fuga en el bus, en la cual se intercalan pasajes de la reacción de The Pope, otro personaje fundamental en la cinta; ya que a partir de ese momento tres mujeres toman un rol vital en el desarrollo de las acciones, una de ellas la hija del mafioso, Sidney (Kate Bosworth); la hermana de Vaughn, Pauline (Lydia Hull) y la policía Kris (Gina Carano), que inclinarán la balanza hacia un desenlace totalmente inesperado y reparador. En medio de la violencia y la corrupción imperantes, el director se permite un guiño de ojo y se abre a un final conciliador, aunque menos creíble.
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