martes, 1 de diciembre de 2015

“LA MADRE DEL CORDERO”

La relación madre-hija no es sencilla cuando la interdependencia natural se prolonga más allá de lo prudente en el tiempo; y la hija vive primero al alero de la madre, luego no se independiza en su juventud, para finalmente dedicarse únicamente a cuidarla; liberándose de esta pesada carga sólo con la muerte de su progenitora.

Esta podría ser una de las interpretaciones de la cinta “La Madre del Cordero” (2014), ópera prima de los realizadores nacionales Enrique Farías y Rosario Espinosa, quienes también escribieron el guión; y que bucea inteligentemente en este complejo vínculo.

Con inquisitivos primeros planos, la cámara nos va introduciendo en la interioridad y en la cotidianeidad de Cristina (María Olga Matte), quien tiene 49 años y vive en San Francisco de Mostazal en la casa materna, realizando las labores de nana y enfermera de su madre, Carmen (una excelente Shenda Román), a quien, en todo caso, quiere mucho, de acuerdo a su propia confesión, y que se manifiesta en los reiterados gestos de ternura que se dispensan entre ambas.

Claramente, Cristina la cuida porque no tienen recursos para contratar a alguien, pero también por una atadura y un sentimiento de culpa difíciles de superar. Esto es manifiesto cuando Cristina acude a confesarse semanalmente y le cuenta al cura fantasías o sueños, más que cosas concretas; o cuando sale y piensa prontamente en el retorno, aunque su madre no la haya llamado aún por teléfono. Y la verdad que Carmen no está sola, porque está rodeada de amigas de su edad, está completamente lúcida y sólo tiene problemas para caminar, propios de su edad.

Algo cambia la vida de Cristina cuando vuelve al pueblo una antigua amiga y compañera de liceo, la liberal Sandra (Patricia Velasco), quien la invitará a salir y a liberarse un poco de la responsabilidad de velar por su madre; alteración que culminará con un pequeño escándalo en el cumpleaños 50 de Cristina, en que se verán involucrados un amigo de la familia, Segundo (Daniel Antivilo) y la propia Carmen, donde quedará patente la fuerte y controladora personalidad de la veterana. Con cámara en mano o con cámara fija, los directores se centran en mostrar al espectador el itinerario físico y psicológico de Cristina, como asimismo el deterioro paulatino e inevitable de su madre y de la relación entre ellas.
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