miércoles, 16 de diciembre de 2015

“GUAGUA COCHINA”

Hay temas que en nuestro país se consideran “valóricos” y que la verdad tienen más que ver con prejuicios y costumbres atávicas, que los hacen difíciles de digerir, a pesar de que existen hace miles de años en forma escondida o bajo la superficie de lo “normal”. Uno de ellos es la homosexualidad y todas las dificultades con que se enfrentan quienes la practican, principalmente en la cotidianeidad; es decir, formar una familia e integrarse a un barrio y a una sociedad.

Este es el trasfondo de “Guagua Cochina” (2015), última cinta dirigida, escrita y producida por el cineasta chileno Sebastián Silva; ya que no es un filme discursivo, sino que narra la contingencia de una pareja homosexual en Brooklyn, Estados Unidos; formada por Freddy (Sebastián Silva), artista visual, y Mo (Tunde Adebimpe), mueblista. En torno a ellos, se encuentra Polly (Kristen Wiig), que está obsesionada por tener un hijo por inseminación artificial, primero con Freddy y luego con Mo; y de este modo formar una familia de los nuevos tiempos.

Silva, de 36 años, ha desarrollado una interesante filmografía, que se destaca por la frescura y naturalidad con que narra historias de crecimiento y búsqueda, en las cuales sus personajes se ven enfrentados a encrucijadas morales. Así ocurre en “La Vida me Mata” (2007), “La Nana” (2009), “Gatos Viejos” (2010), “Magic, Magic” (2013) y “Cristal Fairy” (2013), sus anteriores filmes.

En “Guagua Cochina”, el conflicto se manifiesta en dos personajes mayores que viven en el mismo barrio que Freddy, Mo y Polly. Se trata de “el obispo” (Reg G. Cathey) que desarrolla una fuerte homofobia contra Freddy, producto del rechazo que sufre de parte de Polly y que representa el conservadurismo que se manifiesta en cualquier lugar del mundo. La contraparte es Richard (Mark Margolis), también homosexual, que muestra la solidaridad que se da al interior de esta comunidad; y que llega a extremos que incluyen la complicidad delictual, como un modo precisamente de asentar una nueva moral, aunque sea transgresora.

Estas dificultades se manifiestan también en la exposición que está preparando Freddy para una galería alternativa: un video en que, con su rostro actual, vuelve a la primera infancia; y en que, al poco andar decide incluir a sus amigos y seres queridos, como compañeros de esta misma ruta.
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