martes, 17 de noviembre de 2015

“PAPELES EN EL VIENTO”

La amistad es un tema que ha dado lugar a grandes películas en la historia del cine. Mi preferida es “Nos Habíamos Amado Tanto” del italiano Ettore Scola, en la cual tres amigos estuvieron enamorados de la misma mujer, pero en distinto grado y en diversos momentos.

“Papeles en el Viento” (2015), dirigida y escrita por el cineasta argentino Juan Taratuto, basada en la novela homónima de Eduardo Sacheri, quien también co-escribió el guión; cuenta la historia de tres amigos bonaereneses, que deben enfrentar la muerte del Mono (Diego Torres) hermano de uno de ellos, el profesor Fernando (Diego Peretti), que también formaba parte del grupo de camaradas.

Los otros dos son el abogado Mauricio (Pablo Echarri) y el Ruso (Pablo Rago), dueño de un Lavado de Autos. La intención de Fer y sus amigos es proteger a la pequeña hija del Mono (Paola Barrientos), para lo cual intentarán valorizar y vender a un jugador joven, Pitti Langa, cuyo pase compró el Mono y que está jugando en un equipo chico de provincia.

Taratuto, de 44 años, había dirigido anteriormente cuatro largometrajes: “No Sos Vos, Soy Yo” (2003), “¿Quién Dice que es Fácil?” (2006), “Un Novio para mi Mujer” (2008) y “La Reconstrucción” (2013), de los cuales ninguno se había estrenado en la región.

“En Papeles en el Viento” demuestra buen manejo de actores y personajes, y destreza para utilizar el lenguaje cinematográfico. El espectador no se entera de inmediato de la muerte del Mono. En las primeras imágenes, los otros tres amigos van en auto con una niña, que luego nos enteraremos que es la hija del extinto. La llevan a conocer un lugar, que sabremos sólo al final de qué se trata; y que tiene que ver con que todos son fanáticos del equipo de fútbol Independiente de Avellaneda, los apasionados “Diablos Rojos”.

La historia del Mono se va reconstruyendo de a poco, en base a cortos recuerdos de sus entrañables amigos y hermano; que además deben pasar todo tipo de divertidas piruetas existenciales, para lograr en definitiva vender a Pitti Langa a un club de los Emiratos Árabes y asegurar el futuro de la hija del querido Mono. La cinta es una historia de amistad incondicional, bien contada y bien actuada; historia sencilla que da cuenta de la madurez del cine argentino.
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