martes, 29 de septiembre de 2015

“EL CLAN”

El cine argentino, al igual que el nuestro, está teniendo una revitalización importante, acompañada de una nueva generación, que en este caso es conocida como el Nuevo Cine Argentino, denominación que a muchos molesta, pero que sirve para establecer ciertas preocupaciones temáticas comunes y un modo particular de ver la realidad, más directa y sin afectaciones.

Uno de sus representantes más importantes es el cineasta Pablo Trapero, director, guionista y productor de la cinta “El Clan” (2015), filme en que se destaca el humor negro para tratar hechos reales, ocurridos en Argentina luego de la dictadura militar, que duró siete años, entre 1976 y 1983.

Trapero, de 44 años, había dirigido anteriormente siete largometrajes: “Mundo Grúa” (1999), “El Bonaerense” (2002), “Familia Rodante” (2004), “Nacido y Criado” (2006), “Leonera” (2008), “Carancho” (2010), el más conocido en Chile, y “Elefante Blanco” (2012); en los cuales ha demostrado un estilo irónico y cáustico, que incomoda al espectador, pero que logra su objetivo, que el público tome conciencia y enfrente acontecimientos y realidades que normalmente caen en el olvido o se evitan.

En “El Clan” ocurre lo mismo. La cinta está basada en la historia de la familia Puccio, especialmente del jefe del grupo, Arquímedes (un notable Guillermo Francella), un ex oficial de inteligencia de la dictadura, que luego de finalizada ésta, se dedica a secuestrar personas de clase alta y pedir suculentos rescates, con la ayuda de sus hijos Alejandro (Peter Lanzani) y Maguila (Gastón Cocchiarale) y la complicidad de su esposa Adriana (Antonia Bengoechea) y del alto mando del Ejército argentino.

A pesar de los escrúpulos de sus hijos, la fuerte personalidad y el ascendiente militar de Arquímedes, logró involucrar a toda la familia en sus delitos. Incluido el silencio de sus dos hijas menores, Silvia (Giselle Motta) y Epifanía (Lili Popovich). Sólo el menor de los hombres, Guillermo (Franco Masini) logró escapar, al no regresar a Argentina luego de una gira como jugador de rubgy. Lo que más sorprende es la naturalidad con que Arquímedes y sus secuaces llevaban a cabo los secuestros y la posterior negociación, sin sentir un mínimo de remordimiento de conciencia, ante el sufrimiento humano, aspecto que la cinta recoge magistralmente.

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