martes, 18 de agosto de 2015

“ENREDOS EN BROADWAY”

La comedia norteamericana no es sólo, afortunadamente, ese género con cintas de humor “estúpido” del tipo Adam Sandler y Ben Stiller. Existe una larga tradición, que se remonta al cine mudo y a los comienzos del cine sonoro, cuyos representantes han demostrado que la comedia inteligente también tiene un lugar en la industria de Hollywood.

Peter Bogdanovich, director y guionista de “Enredos en Broadway” (2014), se inserta en esta línea y sus principales referentes históricos son los directores Howard Hawks y Ernst Lubitsch (en “Enredos en Broadway” aparece en una TV una escena de “Cluny Brown” de este último), cuyo humor refinado e irónico han sido claves en la filmografía de Bogdanovich.

Este, con sus 76 años, ha dirigido destacadas comedias, aunque también ha sufrido con la crítica y la taquilla. Sus filmes más señeros son “La Última Película” (1971), “¿Qué pasa Doctor” (1972), “Luna de Papel” (1973), “Daisy Miller” (1974), “Nickelodeon” (1976), “Saint Jack” (1979), “Mask” (1985), “Texasville” (1990), “La Cosa llamada Amor” (1993) y “El Maullido del Gato” (2001).

“Enredos en Broadway” se estructura en torno a una entrevista que realiza la una periodista (Ileana Douglas) a la actriz Isabella Patterson (Imogen Poots), que cuenta, entre otras cosas, que trabajaba como prostituta antes de llegar al éxito como intérprete. La narración se intercala con episodios de su historia, donde aparece el director teatral Arnold Albertson (Owen Wilson), que en cada ciudad que visitaba se dedicaba a ayudar económicamente a las prostitutas con que se acostaba.

En uno de estos encuentros es visto por otro actor, que está en lo mismo, Seth (Rhys Ifans); con lo cual comenzarán los enredos, involucrando a la esposa de Arnold, Delta (Kathryn Hahn), también actriz; al productor Joshua (Will Forte); al juez Pendergast (Austin Pendleton), que está enamorado de Isabella, y a su terapeuta, Jane (Jennifer Aniston), con situaciones realmente disparatadas, que harán reír de buena gana al espectador despabilado.

Lo más destacado es el retrato de Isabella, que es una clara alusión en humor negro, al modo en que muchas estrellas se han construido un nombre y una carrera en Hollywood; dejando de lado escrúpulos y miramientos, aunque la nueva musa de Bogdanovich conserva una inocencia que no es casual.
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