martes, 31 de marzo de 2015

“ALLENDE EN SU LABERINTO”

Se van a cumplir 42 años del golpe de Estado que derrocó al Presidente Salvador Allende y aún este hecho histórico sigue remeciendo las conciencias y la memoria de los chilenos.

Cada cinta sobre este acontecimiento es una interpretación, que pone los énfasis sobre algunos aspectos por sobre otros. El filme “Allende en su Laberinto” (2014), dirigido y escrito por el cineasta chileno Miguel Littin, se centra en lo que le ocurrió a Allende el 11 de septiembre de 1973, desde que salió de su residencia en Tomás Moro hasta que murió en La Moneda, aparentemente suicidándose, aunque la película no toma una opción clara sobre este hecho.

Littin, de 72 años, por lo demás, fue un claro partidario del Gobierno de Allende. Al asumir éste, Littin sólo había dirigido el largometraje “El Chacal de Nahueltoro” (1969), el que le dio una gran notoriedad, tanto que Allende lo nombró presidente de Chile Films. En esa condición dirigió el documental “Compañero Presidente” (1971) y el largometraje “La Tierra Prometida” (1973), que terminó en el exilio. Afuera realizó 5 películas, de las cuales destacan “Actas de Marusia” (1976) y “Alsino y El Cóndor” (1983). Luego del retorno de la democracia ha dirigido 6 cintas, de las cuales resaltan “La Ultima Luna” (2005) y “Dawson Isla 10” (2009), destacándose por un cine realista y comprometido.

En “Allende en su Laberinto”, Littin continúa este estilo, pero su retrato de Allende (Daniel Muñoz) tiene rasgos particulares. Ante la aseveración de que el mandatario estaba solo, la cinta contrapone una serie de relaciones de afecto y compromiso que sostenía el “compañero Presidente”: desde el Jefe de su guardia Personal, identificado como Jano, pasando por los médicos Patricio Guijón, Arturo Jirón y Enrique París; los periodistas Augusto “perro” Olivares (Horacio Videla) y Carlos “negro” Jorquera; su secretaria y amiga íntima Miria “payita” Contreras (Aline Kuppenheim), su secretario político Osvaldo Puccio, el subsecretario Vergara y el ministro Flores, a quienes mandó a negociar al Ministerio de Defensa y que nunca regresaron.

La dignidad a toda prueba y la serenidad de Allende son otros rasgos que Littin resalta, mezclados con otros más cotidianos, como su sentido del humor y su coquetería, que convierten a este filme en un retrato sincero de Allende, en un momento crucial de la historia reciente de Chile.
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