martes, 30 de diciembre de 2014

“EXODO: DIOSES Y REYES”

Existe una fuerte tendencia en el cine estadounidense hacia el retorno de las grandes superproducciones de antaño, con el riesgo claro de caer en el impersonalismo y en la estandarización del lenguaje cinematográfico.

Afortunadamente, los estudios cinematográficos en general han optado por hacer estos encargos a importantes cineastas, que se han caracterizado por lograr un estilo personal, a pesar de la presión de la industria de Hollywood. Es el caso de Peter Jackson, Tim Burton, Christopher Nolan, Guillermo del Toro y Ridley Scott, entre otros.

Justamente este último, es el director y productor de la superproducción “Exodo: Dioses y Reyes” (2014), basada en la historia del profeta y legislador del pueblo hebreo Moisés.

El británico Scott, de 77 años, ha dirigido 22 largometrajes, entre los cuales tiene varios títulos que ya forman parte de la historia del cine, como “Alien, el Octavo Pasajero” (1979), “Blade Runner” (1982), “Thelma y Louise” (1991), “Gladiador” (2000), “Hannibal” (2001), “Gangster Americano” (2007), “Prometeo” (2012) y “El Abogado del Crimen” (2013), en las cuales ha demostrado dominio para las historias de gran despliegue como para aquellas con conflictos existenciales de pocos personajes.

“Exodo: Dioses y Reyes” tiene las características de ambos géneros. En primer lugar, cuenta la historia de Moisés (Chruistian Bale) ya adulto, incorporado a la corte del faraón Seti (John Turturro) y su mujer Tuya (Sigourney Weaver), como primo del heredero al trono, Ramsés (Joel Edgerton), ignorando que verdaderamente es hebreo y que está destinado a liberar a su pueblo y llevarlo a la tierra prometida, lo que sólo se producirá cuando lo alerte el líder hebreo Nun (Ben Kingsley).

En este trance, la cinta relatará la caída de las siete plagas sobre Egipto, hasta que Ramsés permita el éxodo de los judíos; y el posterior enfrentamiento entre el faraón y Moisés, con apertura del mar Rojo de por medio. La verdad es que las escenas de gran despliegue y efectos especiales está muy bien logradas, ya que, aparte de su espectacularidad, se encuentran al servicio de la historia y del conflicto permanente que enfrenta Moisés con Dios y con su fe, la que al parecer alcanza la armonía sólo cuando recibe las Tablas de la Ley y ya viejo enfila con su pueblo hacia la tierra prometida. El centro de la cinta, acertadamente, es la historia de Moisés, luego de que toma conciencia de su rol como liberador de los judíos y como elemento unificador y moral en el futuro de este pueblo elegido por Dios, a pesar del escepticismo que por momentos domina a Moisés.

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