martes, 9 de diciembre de 2014

“CALVARIO”

La fe no es un tema muy recurrente en el cine comercial estadounidense, que es el que mayormente puebla las carteleras nacionales; por lo tanto un filme con válidas y honestas disquisiciones religiosas ya de por sí es una novedad interesante para los espectadores locales.

Más aún si la cinta está bien realizada y con excelentes actuaciones, el interés sube a niveles poco comunes. Es el caso de “Calvario” (2014), escrita y dirigida por el cineasta británico John Michael McDonagh, ambientada en un pequeño pueblo de Irlanda. McDonagh sólo había dirigido anteriormente un largometraje, “El Irlandés” (2011), que no se estrenó en Chile.

En “Calvario”, el protagonista es el sacerdote James (un notable Brendan Gleeson), el cual es muy respetado por su vocación de fe y servicio. En la primera escena le ocurre algo muy perturbador: en el secreto del confesionario es amenazado de muerte por un feligrés, que le señala que lo matará en una semana, por ser inocente.

La película es el recorrido del padre James en esta semana, con sus dudas y certezas, para enfrentarse finalmente a su asesino, que él ha reconocido por su voz. En esos días recibirá la visita de su hija Fiona (Kelly Reilly), que viene saliendo de un intento de suicidio y con la cual se reencontrará. Además el espectador conocerá a los personajes más representativos del pueblo, tratándose de imaginar quien es el que amenazó al sacerdote, y verificará el estado moral del lugar, reflejo de Irlanda y del mundo entero.

Llaman la atención el Inspector Stanton (Gary Lydon), que no esconde su relación con el gigoló Leo (Owen Sharpe); el cinismo del doctor Harte (Aidan Gillan); o la desfachatez de Verónica (Orla O’Rourke), que frente a su marido, Jack (Chris O’Dowd), se encuentra con su amante, Simon (Isaac de Bankolé).
Como personajes menores, pero de igual interés, son el millonario Michael Fitzgerald (Dylan Moran), que no le encuentra sentido a la vida; el pesimista y moribundo escritor (Emmet Walsh) y el Padre Leary (David Wilmot), a quien James recrimina su superficialidad.

Uno de los aspectos logrados de la cinta es que narra magistralmente el periplo físico y moral que lleva a cabo el padre James, durante esa semana; en la que saldrá a flote toda su humanidad, encarnada en sentimientos como la rabia, la compasión, el miedo y la ternura; que lo llevarán como en un vía crucis al final de su calvario, en la terrible escena final, en esa maravillosa playa de Irlanda.
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