martes, 11 de noviembre de 2014

“INTERESTELAR”

Cada vez resulta más natural mirar hacia el espacio, como un modo de tener alternativas para la vida en nuestro planeta; que de seguir así tiene sus días contados, como coinciden las personas más conscientes e informadas.

En el cine esto se está haciendo patente e “Interestelar” (2014), dirigida, escrita y producida por el británico Christopher Nolan, es un buen ejemplo de ello; con el agregado de que Nolan otorga al Universo la respuesta sobre diversos conceptos que se han puesto en jaque con la modernidad, como espacio-tiempo, el origen de la vida y los límites de la realidad.

Esta no es una preocupación nueva en Nolan, que con nueve largometrajes a su haber, ha demostrado un notable manejo del lenguaje cinematográfico al servicio de guiones intelectuales y especulativos, como “Following” (1998), “Memento” (2000), “Insomnia” (2002), “El Prestigio” (2006) y “El Origen” (2010), aparte de sus tres celebradas versiones del hombre murciélago: “Batman Begins” (2005), “EL Caballero Oscuro” (2008) y “EL Caballero Oscuro: la Leyenda Renace” (2012).

En “Interestelar”, la Tierra está en plena etapa terminal, con escasez de alimentos y grandes tormentas de tierra y polvo, que paulatinamente han ido terminando con los sembradíos. La acción transcurre en una granja de Estados Unidos, que está cargo del ex piloto de la Nasa, Cooper (Matthew McConaughey); que vive con su padre, Donald (John Lthgow); su hijo adolescente Tom (Timote Chalamet) y su hija pequeña Murph (Mackenzie Foy).

Por un extraño mensaje, que les entrega unas coordenadas espaciales, llega con su hija a un escondido centro de la Nasa, a cargo del profesor Brand (Michael Caine) y de su hija (Anne Hathaway), donde están preparando un viaje a través de un hoyo negro, para buscar planetas habitables en otra galaxia; y en los cuales lo incorporan, a pesar de la resistencia de Murph, ya que no sabe si lo volverá ver. De ahí en más la cinta, de casi tres horas, se torna cada vez más delirante, quizás porque los personajes entran a una realidad desconocida e inexplorada, en la cual los conceptos de la física moderna y de la metafísica se entrecruzan como primos hermanos.

Nolan acomete con esta cinta unos de sus viajes más ambiciosos, a los límites de la conciencia humana. No por nada se cita varias veces el gran poema de Dylan Thomas: “No entres dócilmente en esa noche quieta…rabia, rabia contra la agonía de la luz”.
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