martes, 28 de octubre de 2014

“PERDIDA”

El thriller psicológico es un género que demuestra en forma notable que el buen cine compromete una gran cantidad de sentidos del espectador. El estremecimiento sensorial provocado por un buen filme, en este caso, se mantiene por horas; hasta que el raciocinio se hace cargo, pero si las emociones originales fueron intensas, nunca se borrarán de la memoria y se asociarán inseparablemente a aquellas imágenes y sonidos.

El director de “Perdida” (2014), el estadounidense David Fincher, logra este efecto con varias de sus cintas y su último estreno cumple nuevamente con esta difícil misión. Basada en la novela de Gillian Flynn, “Perdida” literalmente agarra al espectador desde el inicio y no lo suelta más hasta la última imagen de la película, cuyas dos horas y media se pasan en un abrir y cerrar de ojos.

Fincher, de 52 años, había dirigido nueve largometrajes, de los cuales seis cumplen con las características antes señaladas: “Los Siete Pecados Capitales” (1995), “El Juego” (1997), “El Club de la Pelea” (1999), “La Habitación del Pánico” (2002), “Zodiac” (2007) y “Los Hombres que no Amaban a las Mujeres” (2011), lo que demuestra que su preferencia por este género no es algo casual, sino una marca de estilo. Sus otros tres largometrajes: “Alien 3” (1992), “El Curioso Caso de Benjamin Button” (2008) y “Red Social” (2010) dan cuenta de su innegable talento narrativo, pero sin olvidar nunca que está haciendo cine y no literatura filmada.

En “Perdida” la historia es importante, pero Fincher se encarga de contarla de un modo no lineal; al contrario, narra los mismos hechos desde el punto de vista de cada uno de los protagonistas, obligando al espectador a ser activo e involucrarse completamente en las emociones de los personajes y en la interpretación de los acontecimientos, a medida que se van develando o mejor aún, a medida que se hace patente que la realidad tiene muchas lecturas, dependiendo de la perspectiva y de los datos con que se cuenta en un determinado momento.

Los protagonistas son Nick Dunne (Ben Affleck) y Amy (Rosamund Pike), dos mediocres escritores de sociedad, que se supone tienen un matrimonio ideal; lo que se va desmintiendo como por capas, a medida que avanza la película, al igual que cuando se pela una cebolla; y se va esclareciendo el misterio policial, aunque la cinta está construida de tal modo que nada es lo que parece y los protagonistas van surgiendo en su real dimensión psicológica con el pasar de los minutos.
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