martes, 7 de octubre de 2014

“GENESIS NIRVANA”

A veces la venganza es la única opción y se convierte en un acto obsesivo y liberador; sobre todo cuando se considera que a la víctima no se le ha hecho justicia.

Esta podría ser la conclusión luego de ver “Génesis Nirvana” (2013), cinta dirigida, escrita y producida por el cineasta chileno Alejandro Lagos; en la que es su ópera prima; y que sin embargo, revela un talento no menor, ya que el objetivo del filme se encuentra encarnado en un interesante trabajo con las imágenes y el sonido; es decir con el lenguaje cinematográfico.

La cinta combina mayormente un registro de docureality con una narración más tradicional en un menor grado, pero siempre con un rol preponderante de la música. El primer tipo de registro se sustenta en la decisión de la protagonista, Patricia Lucía (Mariana Loyola), de grabar con una pequeña cámara de video su proceso de venganza; ya que su hija, Génesis Nirvana (la llamó así porque es “el origen de su felicidad plena”), ha sido asesinada por una ex pareja, Jorge (Alejandro Goic), porque los “separaba”; y va a quedar libre por falta de pruebas.

Viviendo un verdadero calvario por la muerte y desaparición de su hija (Patricia Lucía extraña hasta el olor de su pequeña), la cinta relata su periplo de unos pocos días por conseguirse una pistola, antes del día en que Jorge salga libre. Vende todos los artículos de la casa para tener el dinero suficiente para comprar un arma. Va una tienda tradicional, donde no cumple los requisitos; luego va a una población donde pierde su dinero porque se produce un tiroteo; luego intenta robar una pistola a una microtraficante (Paulina García), pero saca la peor parte, hasta que por casualidad y como paradoja logra hacerse de una pistola, en forma violenta, en una iglesia católica, producto de la campaña “entrega tu arma a la Iglesia”.

El filme está bien construido, centrándose en las penurias que vive la protagonista por la ausencia de su hija, la luz y sentido de su vida; y por la falta de justicia en el proceso en los Tribunales; que la conduce, como única salida a su agonía, a la venganza en contra del responsable de su muerte. Hay escenas muy bien logradas, como el diálogo que sostiene con Cristo en la iglesia; o la metafórica lluvia de sangre que sufre luego de obtener la ansiada pistola. Al revés, resultan exagerados algunos aspectos de la cinta, como que Patricia sufra de asma, y la música que por momentos refuerza demasiado las emociones, ya evidentes con las imágenes.
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