martes, 17 de junio de 2014

“TRES DIAS PARA MATAR”

Sorprende como algunos actores bastante maduros pueden seguir siendo eficaces al momento de interpretar personajes rudos, como por ejemplo un invencible agente de la CIA; lo que ya de por sí hace interesante un filme en que esto ocurra, más aún si la cinta reúne una serie de estereotipos sobre el género, lo que hace pensar en una suerte de homenaje a las películas de acción con el héroe que quiere dejar el oficio, pero no puede, para recuperar a su familia abandonada.

“Tres Días para Matar” (2014), dirigida por el cineasta estadounidense Joseph McGinty, tiene en el rol protagónico a Kevin Costner, quien a sus 59 años interpreta en forma creíble a Ethan Renner, un veterano agente de esos que tienen que acabar con extremistas y traficantes de armas; y que en el camino arrasan con todo cuanto se les cruza por delante.

A pesar de estar con cáncer, Ethan recibe un último encargo, por el cual podrá probar una droga experimental contra la enfermedad; de parte de Vivi (Amber Head), una gris jefe de la CIA, pero que se transformará cuando la misión se traslade al bohemio y erótico París. Renner tiene una esposa y una hija adolescentes, a las cuales no ve hace cinco años, Christine (Connie Nielsen) y Zooey (Hailee Steinfeld), respectivamente, a las cuales tratará de recobrar, en medio de la misión.

Todos estos elementos arquetípicos de los filmes de acción, con un héroe seductor e incombustible, se explican en el hecho de que la historia, guión y producción pertenecen al cineasta francés Luc Besson, maestro en estas lides. Por otra parte, McGinty se ha caracterizado por dirigir cintas de acción como “Los Angeles de Charlie” (2000), “Los Angeles de Charlie: Al Límite” (2003) y “Terminator Salvation” (2009), entre otras.

En esta misma línea, los malos de la película responden a todas luces con el molde. El Lobo (Richard Sammel), un inescrupuloso traficante de armas químicas; y su mano derecha, El Albino (Tomas Lemarquis) son fríos asesinos y son capaces de hacer volar un edificio, con tal de lograr su objetivo.

Por otro lado, la cinta se permite toques de humor negro, propios del policial francés, como que Ethan le pide consejos a los que tortura para llegar a sus blancos: primero el chofer de la limusina, Mitat (Marc Andreoni), a quien le consulta por su hija adolescente; y luego al contador Guido (Bruno Ricci), a quien le pide la receta de la salsa bolognesa, porque su hija le quiere cocinar pastas a su novio.
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