martes, 18 de marzo de 2014

“300: EL NACIMIENTO DE UN IMPERIO”

Recrear en el cine un período de la historia resulta bastante complejo, sobre todo si ésta se muestra como se ha hecho tradicionalmente en Occidente, con una sucesión de batallas y hechos bélicos, que marcan el destino de los pueblos. Esto se hace aún más singular si la estética que se utiliza corresponde a la del cómic, con su particular lenguaje visual.

Es el caso de “300: El Nacimiento de un Imperio” (2014), dirigida por el cineasta israelí Noam Murro, que está basada en la novela gráfica “Jerjes” de Frank Miller y que narra el período de las Guerras Médicas, entre griegos y persas, que va entre la Batalla de Maratón (490 antes de Cristo) y las Batallas de Las Termópilas, de Artemisio y la de Salamina (480 antes de Cristo). Esta cinta, por lo tanto, es una precuela del exitoso filme “300” (2006), basado en la novela gráfica de Miller sobre la Batalla de las Termópilas, que dirigió Zack Znyder y que en la presente ofició de guionista y productor.

Como aquel, “300: El Nacimiento de un Imperio” se destaca por utilizar una estética tomada directamente de las historietas, como mucho contraste en el uso del color, con primeros planos, con el uso alternativo de movimientos de cámara vertiginosa y lenta, con tomas de combate cuerpo a cuerpo, en las cuales no se escatima la visión de la sangre y del cercenamiento de miembros por el uso de la espada y la lanza.

Esta opción visual, para la cual las batallas a la antigua resulta un material ideal, descuida bastante el desarrollo de los personajes. En este caso, el héroe de Maratón y Salamina, el general ateniense Temístocles (Sullivan Stapleton), gran protagonista de la cinta, no es tratado con la profundidad necesaria y el espectador desconoce sus motivaciones y no alcanza la complejidad que la Historia le ha otorgado.

Curiosamente sus adversarios, el emperador persa Jerjes (Rodrigo Santoro) y la comandante en jefe de la armada persa Artemisia (Eva Green) están mucho más desarrollados. Jerjes con su megalomanía y su supuesto origen divino y Artemisia, con su sed de venganza contra los griegos provocan rechazo pero también atracción en el espectador. Al igual que la reina Gorgo (Lena Hadley), viuda del rey espartano Leonidas, héroe trágico de las Termópilas, que acude en ayuda de Temístocles en Salamina y que exterioriza sus motivos en una emotiva y poética narración.

Murro construye una cinta sumamente visual, que recoge de buena manera su origen gráfico; pero que resulta poco creíble como recreación histórica.
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