martes, 14 de enero de 2014

“ACTIVIDAD PARANORMAL: LOS MARCADOS”

La práctica de las secuelas en el cine responde en la mayoría de los casos a factores puramente comerciales, originados en el éxito financiero de la cinta inicial, lo que en algunos casos deriva en cinco o más versiones, con los consiguientes riesgos de sobreexplotación de una idea que en un comienzo fue original y de que cada entrega sea más banal y desechable que la anterior.

“Actividad Paranormal: Los Marcados” (2014), dirigida y escrita por el cineasta estadounidense Christopher Landon es la quinta secuela de “Actividad Paranormal”, cuya primera versión se estrenó en 2007 con bastante éxito, ya que cámaras de seguridad instaladas en una casa recién habitada por una pareja detectaba la presencia de un fantasma agresivo.

En esta oportunidad, Landon, de 38 años, que antes sólo había dirigido el largometraje “Burning Palms” (2010), opta por contar la historia de dos amigos latinos, Jesse (Andrew Jacobs) y Héctor (Jorge Díaz), que con una cámara casera se dedican a filmar las extrañas actividades que se producen en un departamento vecino, donde vive Anna (Gloria Sandoval); hasta que el propio Jesse empieza a sufrir transformaciones como de una posesión demoníaca.

En esta aventura, que pretende explotar una suerte de suspenso no del todo logrado, son acompañados por la abuela de Jesse (Renée Víctor), que de inmediato detecta la presencia de un espíritu maligno; y por una amiga, Marisol (Gabrielle Walsh), los que correrán la misma suerte, bastante previsible, pero en distinto plazo.

Es tal la obsesión que persigue a ambos amigos por filmar todo lo relacionado con lo que ocurre en casa de Anna; y luego a Héctor respecto de la transformación que sufre Jesse, que la cámara pasa a ser una prolongación del cuerpo sobre todo de Héctor, que es quien la utiliza hasta los últimos momentos del filme, en el cual se produce una conexión con la versión original de “Actividad Paranormal”, lo que abre las esperanzas de que ésta pueda ser la última secuela, aunque con Hollywood nunca se sabe.

Por otro lado, resulta bastante increíble que aunque les estén pasando las cosas más terribles, jamás suelten la cámara, casi como si ésta fuera un arma. El hecho, en todo caso, de que el espectador se entere sólo de lo que muestra dicho encuadre, logra dar un poco de suspenso a la cinta; pero el costo es que la imagen es bastante artesanal como de cine aficionado.
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