viernes, 31 de enero de 2014

“47 RONIN: LA LEYENDA DEL SAMURAI”

Las leyendas épicas siempre han sido buen material para el cine, aunque siempre se corre un peligro: que más que destacar los aspectos míticos y conceptuales de la historia y los personajes, se opte por “enriquecer” la historia con elementos anecdóticos, que la hagan más atractiva para el público general y por lo tanto su distribución pueda generar mayor cantidad de réditos financieros.

A este peligro no se escapó del todo “47 Ronin: La Leyenda del Samurai” (2013), dirigida por el debutante estadounidense Carl Rinsch, basada en una historia ocurrida en Japón a comienzos del siglo XVIII, en la ciudad de Ako, buen ejemplo del código de honor del guerrero japonés samurái, llamado bushido, y que ha sido recuperado y puesto en valor por gran cantidad de artistas e intelectuales nipones, como un modo de enfrentar la pérdida de valores de la modernidad.

La cinta cuenta la historia de un Señor, Lord Asano (Min Tanaka), que bajo el efecto de la brujería ataca a su huésped, su vecino Lord Kira (Tadanobu Asano), lo que provoca que el shogun, el Gobernador, (Cary-Hiroyoki Tagawa) lo condene a muerte, pero le permite morir honrosamente mediante el seppuku o ritual para suicidarse.

Como la bruja (Rinko Kikochi) era leal a Kira, los Ronin, o samuráis sin señor, prometieron vengarse. Este grupo de 47 ronin era liderado por Oishi (Hiroyoki Sanada) y a él se incorporan su joven hijo Chikara (Jin Akarishi) y el mestizo, entre japonesa e inglés, que había adoptado Asano, Kai (Keanu Reeves), que concretarán su venganza, aunque eso les signifique también morir por el seppuku.

Lamentablemente, el guión se ve contaminado por una serie de elementos rebuscados, que distorsionan el espíritu japonés, como el matrimonio forzado entre Kira y la hija de Asano, Mika (Ko Shibasaki), quien tiene un amor imposible con Kai, que aparte de su mestizaje, es un gran luchador porque fue criado por demonios sabios, con aspecto de extraterrestres, que le permiten vencer a la poderosa bruja, en una serie de coincidencias y concesiones que banalizan la historia y la hacen más comercial.

Por lo mismo, “47 Ronin: La Leyenda del Samurai” se deja ver más como una película de entretención, que como una cinta que ahonda en las tradiciones y el espíritu japonés, tan distinto al nuestro; a pesar de que los propios nipones luchan denodadamente por mantener estos códigos de honor y no ser absorbidos por el materialismo y el individualismo occidentales.
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