martes, 24 de diciembre de 2013

“PENA DE MUERTE”:

Con el paso del tiempo, el ejercicio laboral y el enfrentamiento con la realidad, los profesionales de la información se dan cuenta de que no existe la objetividad. Al realizar un documental o un reportaje es indispensable tener y desarrollar un punto de vista e incluso efectuar una interpretación de los acontecimientos.

Al seleccionar las imágenes, los entrevistados, la música y la estructura por la cual se presentarán los hechos, el realizador de un documental no sólo está siendo subjetivo, sino que es bueno que así sea. A todas luces, es mucho más interesante, para el espectador inteligente y sensible, enfrentarse a una visión personal de autor sobre determinados sucesos que a un intento fallido, por objetivar hechos que sólo tienen sentido si se relacionan unos con los otros.

“Pena de Muerte” (2012), documental dirigido, escrito y producido por el cineasta chileno Tevo Díaz; que trata sobre el famoso caso policial de los sicópatas, acaecido en Viña del Mar entre los años 1980 y 1981; es un excelente ejemplo de documental de autor, en que su realizador no sólo toma un punto de vista, sino que analiza los hechos y los interpreta, apoyándose para probar su hipótesis en el material histórico disponible, en testimonios y entrevistas actuales; pero también utilizando elementos propios del lenguaje cinematográfico como la música, animación, reiteración y manipulación de imágenes, iluminación y montaje.

De partida, el documental se inicia con imágenes en blanco y negro, del interior de un microbús, en el cual todos los pasajeros van durmiendo, en una clara metáfora sobre el momento político en que ocurrieron los hechos relatados, ya que se escuchan los bandos militares del día 11 de septiembre de 1973 en la mañana. A pesar de que los crímenes de los sicópatas sucedieron siete años después, el realizador de inmediato sugiere que tienen el mismo trasfondo y que éste es fundamental para interpretarlos en su completa dimensión.

De pronto, uno de los pasajeros despierta y queda mirando fijo a la cámara, a través de cuyos ojos “veremos” lo que realmente ocurrió. No es casual que el narrador hable luego de una organización criminal, responsable de las diez muertes, cuya psicopatía tiene su origen en el abuso de poder; y que el primer entrevistado sea el neuropsiquiatra Simeón Rizo, que estuvo a cargo de la investigación médica del caso, quien habla de “necesidad de poder” del principal implicado, Luis Gubler, reflejo de la impunidad que ofreció la dictadura imperante a su familia, que colaboró con el gobierno militar, facilitando buques como centros de detención, propiedad de la entonces Compañía Sudamericana de Vapores.

Con estos elementos, más la música doliente interpretada por un chelo, Díaz ya ha configurado el ambiente y las extrañas resonancias y aristas de este célebre caso, que a esa altura ya no es sólo policial, sino también político y sociológico.

Los entrevistados son de primer orden: Ricardo Ruiz, periodista que cubrió el caso y que publicó un libro sobre el mismo, llamado “El Cronómetro de la Muerte”; Laura Soto, abogada defensora de las familias de las víctimas; el ex detective Nelson Lillo, que estuvo a cargo de la brigada especial que se creó para solucionar el caso; Delia González, viuda de uno de los asesinados; Margarita Santibáñez, sobreviviente que fue violada; Donald Riedman, agente del FBI que perició las balas que se usaron en los crímenes; todos testimonios que refuerzan la tesis de que Gubler fue el autor intelectual y de que los ex Carabineros Sergio Sagrado y Carlos Topp fueron los ejecutores de sus órdenes y finalmente los chivos expiatorios que permitieron que el empresario saliera libre por “falta de méritos”.

A todo esto hay que sumar un importante material de archivo, que permite acertadamente reconstruir la época, cómo se cubrió periodísticamente el caso, cómo se investigó policialmente y cómo impactó en la sociedad viñamarina y nacional en su momento. Con sus diez capítulos y una hora y 40 minutos de duración –que se podría acortar-, “Pena de Muerte” es un retrato de época, que nos habla de un tema siempre vigente, como es la impunidad y la necesidad enfermiza de poder de algunos privilegiados, que se manifiestan en períodos oscuros de la Historia.



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