martes, 24 de diciembre de 2013

“LA SOSPECHA”

El buen cine siempre ha tenido la capacidad de registrar y resaltar la irrupción de lo extraordinario en la cotidianeidad de la existencia de seres que superficialmente parecen individuos sencillos; pero que, bajo estas circunstancias, se manifiestan con toda su complejidad, sobre todo cuando está en juego la vida de sus seres más queridos.

Es el caso de “La Sospecha” (2013), dirigida por el cineasta canadiense Denis Villeneuve, que se ambienta en un pequeño pueblo de Estados Unidos, en los días previos a Navidad. Dos parejas de amigos y vecinos se reúnen como todos los años para brindar por la amistad y la vida.

Los dueños de casa son Nancy (Viola Davis) y Franklin (Terrence Howard) y los visitantes, Keller (Hugh Jackman) y su esposa Grace (María Bello); los que además tienen hijos de edades similares. Los primeros, a la adolescente Eliza (Zoe Bonde) y a la pequeña Joy (Kyla Drew Simmons); y los segundos al joven Ralph (Dylan Minnette) y a la pequeña Anna (Erin Gersinovich).

Los primeros minutos reflejan la amistad entre ellos, tanto de los adultos, como de los adolescentes y los niños, en una rutina de juegos y bromas, que hablan de esa normalidad que no valoramos hasta que la perdemos. En uno de esos ires y venires, se percatan que Joy y Anna han partido solas a la casa de la última, en búsqueda de un pito rojo, que simbolizará la libertad y la esperanza. El evidente secuestro de las niñas será una bomba lanzada en medio de ambas familias.

De allí en adelante, el filme es puro exceso. Por un lado la desesperación de Keller por encontrar a su hija , que lo llevará a torturar a uno de los sospechosos, Alex (Paul Dano); y por otro, todo el profesionalismo y talento del detective a cargo de la investigación, Loki (Jake Gyllenhaal), en un péndulo que oscilará a gran velocidad, hasta producir vértigo en los espectadores, atentos a cada mínimo giro del argumento.

Alex y Loki simbolizan dos opciones morales ante la adversidad, pero que se sustentan en el compromiso con el amor y la verdad, respectivamente. Alex reflota el pasado de padre, carcelero severo que terminó suicidándose; y Loki, policía insobornable y duro, que en su infancia estuvo en un reformatorio. Villeneuve, de 46 años, cuyos anteriores cuatro largometrajes no eran conocidos en Chile, logra plasmar acertadamente el conflicto ético entre lo permitido y lo que se puede hacer para salvar a un ser amado.
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