miércoles, 2 de octubre de 2013

“APUESTA MAXIMA”

El vértigo del juego y la posibilidad de enriquecerse rápidamente siempre han sido temas atractivos para el cine estadounidense. “Apuesta Máxima” (2013), dirigida por el cineasta del país del norte Brad Furman, es la última cinta inspirada en la ludopatía, pero esta vez en el juego on line, para estar acorde con los nuevos tiempos.

Furman había dirigido anteriormente dos largometrajes: “The Take” (2007) y “El Abogado del Lincoln” (2011), en las que demuestra buen manejo en el cine de acción y preocupación por los temas que implican disyuntivas morales.

En esta oportunidad, el protagonista es un avanzado estudiante de la Universidad de Princeton, Richie Furst (Justin Timberlake); que maneja las apuestas por internet de esa casa de estudios y que por esta vía se financia la carrera, ya que su padre, Harry (John Heard), es un jugador empedernido que le debe una vela a cada santo. El problema es que lo detectan y se ve obligado a dejar la actividad y apuesta todo lo que tiene en el póker on line, donde le hacen trampa, perdiendo todo.

Como única salida se le ocurre ir a ver al dueño del sistema de apuestas, el millonario Iván Block (Ben Affleck), a Costa Rica, y avisarle que hay un fraude en el sistema, que se sustenta en el juego limpio. Block le ofrece trabajo y Richie no lo duda, entrando a un imperio que, a poco andar, se da cuenta que es paraíso de dudoso origen. Como corresponde el lugar tiene una mujer bella, Rebbecca (Gemma Arterton), la que nunca queda claro si es o no la pareja de Block, pero que conquista a Richie.

Aparte de lo atractivo del tema y su tratamiento vertiginoso, la cinta tiene algunos problemas de guión que lamentablemente le hacen perder credibilidad, como el hecho de que algunos personajes son demasiado estereotipados. Por de pronto, presenta a Costa Rica como un país donde todos son corruptos, partiendo por los policías. El encargado de los casinos, Herrera (Yul Vásquez) es un personaje muy maqueteado; al igual que el agente del FBI, Shavers (Anthony Mackie); y el propio Block, de un cinismo difícil de digerir, sobre todo porque el narrador del filme, el propio Richie, se debate en forma permanente ante la moralidad de sus actos.

Por último, el desenlace resulta fuera de toda lógica. Demasiado perfecto para los buenos y demasiado contrario a Block, que queda como un perfecto imbécil, poco acorde con el imperio brillante que levantó y que lo transformó en multimillonario y poderoso.
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