jueves, 6 de junio de 2013

“EL GRAN GATSBY”

Adaptar una gran novela para el cine no es tarea menor, más aún si ya existe una versión cinematográfica aceptada casi como definitiva.

Dejando esto claro, esta nueva adaptación fílmica de “El Gran Gatsby” (2013), dirigida, producida y escrita por el australiano Baz Luhrmann, sobre la novela homónima del gran escritor estadounidense Francis Scott Fitzgerald, es sin duda un aporte y una recreación que permite revisar el mundo literario de Fitzgerald, aquel que enfrenta y desnuda lo que se llamó en su momento como “el sueño americano”.

La versión de Luhrmann, más allá del oropel propio de la época retratada, es mucho más cruda y dramática, tanto para tratar los conflictos entre los personajes como para mirar los valores del comienzo de la década del ’30 en Estados Unidos, que la versión de 1974 dirigida por Jack Clayton, con Robert Redford y Mia Farrow en los roles protagónicos.

En este su quinto largometraje, Luhrmann, de 50 años (“Romeo y Julieta”, “Moulin Rouge” y “Australia”) logra una cinta maciza y de mayor contundencia que las anteriores; con un ritmo eufórico que logra transmitir eficazmente el ambiente de fiesta interminable que se vivía en Nueva York por esos años, luego de haber ganado la Primera Guerra Mundial, con la irrupción del jazz y de las mafias, que con la Ley Seca posibilitó el surgimiento de grandes fortunas de la noche a la mañana, como fue la del propio Jay Gatsby (Leonardo di Caprio), en un país que siempre se ha vanagloriado por las oportunidades que ofrece.

La historia de Gatsby es contada por un aspirante a escritor, que trabaja en la Bolsa, Nick Carraway (Tobey Maguire), el cual llega desde el oeste a vivir a Nueva York, transformándose en vecino de Gatsby y que como primo de Daisy (Carey Mulligan), el viejo amor de aquel, tendrá acceso privilegiado a su mundo de espejos y artificios, retrato acabado de una época que para muchos nunca pasará del todo.

Salvo aquellos momentos en que Luhrmann se deja llevar por la tentación de los efectos, con cámaras aéreas vertiginosas y un desmesurado despliegue visual, y se concentra en los conflictos de los personajes, esta cinta logra una tensión dramática notable. Por ejemplo, toda aquella escena en que fallece Myrtle (Isla Fisher), la amante del esposo de Daisy, Tom Buchanan (Joel Edgerton), que los involucra a todos y que trágicamente sellará la suerte del propio Gatsby.
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