martes, 7 de mayo de 2013

“EN TRANCE”

La memoria humana no es lineal. Da saltos temporales y espaciales que se asocian con los diversos estados de la conciencia. El cine como la literatura son artes ideales para representar y recrear el proceso de recordar y olvidar, como un juego de espejos, más aún cuando ha habido un hecho traumático que distorsiona y camufla los límites entre los distintos planos de la realidad.

“En Trance” (2013), dirigida por el británico Danny Boyle, refleja acertadamente este mecanismo de la mente humana y el espectador se maravilla tanto de las posibilidades expresivas del cine como de las posibilidades interpretativas de la psiquis de nuestra especie.

Boyle, de 56 años, ha desarrollado una filmografía en la cual los elementos temáticos de la conciencia y las situaciones críticas son un sello de distinción. Entre sus cintas se destacan “Trainspotting” (1996), “La Playa” (2000), “Millones” (2004), “Slumdog Millionaire” (2008) y “127 Horas” (2010); que demuestran que si bien su cine es de alcance masivo, no renuncia a una visión y preocupaciones personales, que terminan configurando un estilo reconocible y peculiar.

“En Trance” tiene como protagonista a un martillero de una subastadora de obras de arte, Simon (James McAvoy), que agobiado por las deudas producto de su ludopatía, decide provocar un autorrobo, con la complicidad de una banda delictual, liderada por Franck (Vincent Cassel); lo que implicará una falta de control mayor de este acto, que se le escapará de las manos definitivamente cuando trate de engañar a sus eventuales socios.

La búsqueda de la obra de arte robada, un cuadro de Goya, ya que Simon la ha escondido, pero sufre amnesia producto del golpe que le propinó Franck, los lleva a una terapeuta en hipnosis, Elizabeth (Rosario Dawson), que para complejizar más las cosas, completará un triángulo amoroso, ya que Simon y Franck inevitablemente se enamoran de ella.

Este proceso catalizador de la memoria, con sus implicancias subconscientes, que involucra a todo el grupo, pero principalmente a Simon, es el meollo de la cinta y también un nuevo reflejo de la historia, que de comienzo a fin se plantea como un rompecabezas, al cual se puede entrar y salir por cualquiera de sus escenas.

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