miércoles, 24 de abril de 2013

“OBLIVION”

El cine futurista es un género que ha entregado grandes filmes a la historia de este arte. Dos ejemplos ya clásicos son “2001, Odisea del Espacio” de Stanley Kubrick y “Blade Runner” de Ridley Scott. La pregunta qué habría que hacerse es por qué estas cintas han logrado ese privilegio y no así otras, entre las que se incluye “Oblivion”, dirigida por el estadounidense Joseph Kosinski, y basada en su propio libro de cómic.

Lo primero que habría que decir es que en estas cintas el hombre como especie, y sus disquisiciones y problemas, es el centro en torno el cual se ordenan todos los acontecimientos de la película; por lo tanto los personajes protagónicos, aparte de tener densidad y desarrollo, son simbólicos y permiten que el espectador se sienta cuestionado.

Esto nos retrotrae a algo anterior y definitivo. Sus autores aparte de manejar el lenguaje cinematográfico de un modo acertado y original, responden a objetivos que se funden con lo estético: una interpretación y visión personal del mundo.

En “Oblivion” se echa de menos eso. Ambientada a fines del siglo XXI, supone una tierra prácticamente destruida, producto de un conflicto nuclear, que permitió a los terrícolas ganar una guerra contra invasores extraterrestres, pero que significó la inhabitabilidad del planeta y la necesidad de buscar otro lugar donde vivir. Sólo quedan dos terrícolas, Jack (Tom Cruise) y Victoria (Andrea Riseborough), que tienen como misión vigilar los ataques alienígenas a las grandes máquinas que están extrayendo toda el agua de los mares para llevarla al nuevo planeta.

El hecho de que Jack sueñe con un pasado previo (les han borrado la memoria por razones no muy claras), dan a entender que la realidad no es tan unívoca, a pesar de que los personajes tienen algo de autómatas. Precisamente el reencuentro accidental de Jack con su antigua esposa, Julia ( Olga Kurylenko), es el detonante para que se revele la verdad: las cosas no son como parecen y Jack se transformará en un actor principal de los verdaderos rebeldes humanos, a cargo de Beech (Morgan Freeman); derivando la cinta hacia la acción y el suspenso, más que a una disquisición sobre el futuro del hombre
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