martes, 19 de marzo de 2013

“ANNA KARENINA”

Difícil replantear una adaptación fílmica de un clásico de la literatura mundial como es “Anna Karenina” de León Tolstoi y que ha sido interpretado por actrices de la talla de Greta Garbo, Vivien Leigh, Claire Bloom, Jacqueline Bisset y Sophie Marceau, entre otras.


Pero la verdad es que el director británico Joe Wright no sólo lo logra, sino que rescata lo esencial de la novela de Tolstoi (1828-1910) y lo pone nuevamente en el tapete, cual es el machismo imperante en la rusa imperial del silo XIX y que no ha cambiado mucho en diversos lugares del planeta.


Wright, de 40 años, y con cintas memorables como “Orgullo y Prejuicio” (2005), “Expiación” (2007) y “El Solista” (2009); construye una “Anna Karenina” (2012) que transmite la pasión de una mujer de la alta burguesía de San Petersburgo, casada con el ministro Karenin (Jude Law) y con un hijo, que se enamora perdidamente del Conde Vronsky (Aaron Taylor-Johnson), un galán más joven que no se puede resistir a la belleza de Anna (Keira Knightley).


Karenina es considerada adúltera, por la sociedad y por su esposo; siendo aislada e imposibilitada de sus derechos como persona, lo cual la conduce al sentimiento de culpa y a la inseguridad y a un callejón sin salida, por la carencia de futuro. Esto contrasta con lo que le ocurre a su hermano, Oblonsky (Matthew Macfadyen), que pese a sus continuas infidelidades debe ser aceptado y perdonado por su esposa y no recibe ningún tipo de sanción social. Lo mismo le ocurre a Vronsky, que puede seguir haciendo su vida normalmente, protegido por su madre, los amigos y el Ejército, donde es oficial. Por otro lado, se premia al amor virtuoso, representado por el hacendado bueno Levin (Domhnal Gleeson) y la bella Kitty (Alicia Vikander), la antigua novia de Vronsky.


Formalmente, Wright elige presentar la historia como si fuera una representación en un teatro, poniendo de relieve el artificio de la obra de arte. Para el sinnúmero de acontecimientos de la narración, opta por desarrollar el ritmo de la cinta con elementos que marcan los cambios de escenas y personajes, como el baile, el tren entre San Petersburgo y Moscú, los movimientos de cámara y un montaje paralelo, que hacen de este filme una renovación del clásico ruso, sin que pierda su carácter de crítico retrato social, que no pierde vigencia.


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