martes, 29 de enero de 2013

“LINCOLN”



El cine del estadounidense Steven Spielberg tiene dos grandes vertientes, en las cuales ha tenido grandes éxitos y esta cinta, que duda cabe, también lo será porque se inscribe en una de esa dos líneas, que tan bien maneja el director norteamericano.

La primera vertiente en la obra de Spielberg, que ya cuenta 66 años, son las cintas de acción o destinadas a un público más juvenil, cuyas principales representantes son “Tiburón” (1974), “Encuentro Cercanos del Tercer Tipo” (1977), “E.T.” (1982), “Inteligencia Artificial” (2001), “Minority Report” (2002) y “La Terminal” (2004).

La segunda línea son los filmes de reflexión histórica o contingente y en la que también ha logrado grandes aciertos, como “Color Púepura” (1985), donde ya trata la esclavitud; “La Lista de Schindler” (1993), “Munich” (2005) y “Lincoln” (2012), que también produce y que está basada en el libro sobre el mandatario estadounidense, escrito por Doris Kearns Goodwin.

La película de Spielberg narra con sobriedad y aplomo la presidencia de Lincoln (un excelente Daniel Day-Lewis) hasta su asesinato (1861-1865) y los grandes hitos que ocurrieron durante su mandato, como el fin de la Guerra Civil y la enmienda a la Constitución por la cual se abolió la esclavitud, que Lincoln envió al Parlamento y cuya aprobación le significó comprar votos a parlamentarios que iban de salida, a cambio de trabajos futuros en el aparato público. En esta dimensión son fundamentales algunos personajes como el Secretario de Estado William Seward (David Strathairn); el líder del Partido Republicano, Preston Blair (Hal Holbrook); el congresista Thaddeus Stevens (Tommy Lee Jones); el jefe del equipo que compró los votos, W.N.Bilbo (James Spader); y el comandante en jefe del ejército republicano, general Ulises Grant (Jared Harris).

Pero una de las grandes virtudes de la cinta es que además desarrolla en forma notable la visa familiar de Lincoln: la difícil e intensa relación con su esposa Mary Todd (Rally Field); la tierna y sabia con su pequeño hijo Tad (Gulliver McGrath) y la protectora y comprensiva con su hijo veinteañero Robert (Joseph Gordon-Levitt), que dan cuenta no sólo del Lincoln querido por el pueblo y sagaz político abolicionista, sino también del padre preocupado y sensible y esposo paciente, que no excluía a su mujer de las grandes decisiones del país, en un período fundamental en su historia; complejidad que el filme visualiza con acierto y humanidad.
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