martes, 11 de diciembre de 2012

“QUÉ HAGO CON MI MARIDO”


La comedia no es un género cinematográfico fácil, como muchos podrían pensar. Fundamental es que cuente con un guión inteligente, que mezcle muy bien el humor con el retrato de una cultura o de un grupo social, o al menos de un segmento dentro de este grupo, en un corte temporal y geográfico determinado.

Esta ha sido la gracia de la comedia italiana y francesa, especialmente; ya que se sustentan en guiones con personajes  claros y desarrollados, que son expresiones manifiestas de un grupo social y cultural, en una época histórica y en territorios determinados, con un tipo de humor que mezcla lo dramático y lo cómico, tal cual se produce en la realidad que busca recrear.

Por otro lado, la comedia estadounidense oscila habitualmente entre el humor idiota, con personajes burdos y actuaciones sobrecargadas, y melodramas blandos, que no alcanzan a cuajar en una expresión estética y menos a tocar las fibras de la emoción del espectador sensible e inteligente.

“Qué Hago con mi Marido” (2012), dirigida por el cineasta estadounidense David Frankel, se encuentra claramente en el segundo grupo, en el cual muchas veces la idea original no es mala, así tampoco las intenciones del director e incluso las actuaciones, como en este caso; pero todo esto no es suficiente para que la cinta en su totalidad se pueda considerar un producto recomendable ni logrado.

Frankel,  de 53 años, había dirigido anteriormente cuatro largometrajes: “Miami” (1995), “El Diablo se viste a la Moda” (2006), “Una Pareja de a Tres” (2008) y “El Gran Año” (2011), en las cuales se repite la misma situación: guiones mediocres, personajes insulsos y comedias que no cristalizan, más allá de sus buenas intenciones, y que no justifican  el producto final.

Este reciente estreno es la historia de una pareja común y corriente, Arnold (Tommy Lee Jones) y Kay (Meryl Streep), que lleva más de treinta años de casados y que ha caído en la rutina más absoluta, con la ausencia de erotismo  y comunicación, lo que provoca que la esposa decida intentar salvar el matrimonio, para lo cual contratará una semana de tratamiento con un sexólogo, el doctor Feld (un poco creíble Steve Carell); luego de lo cual, mágicamente, se reencontrarán.
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