martes, 27 de noviembre de 2012

“LAS CURVAS DE LA VIDA”


Resulta agradable ver como algunos maestros del cine van dejando discípulos que recogen no sólo su estilo; sino también un modo auténtico de crear, cuyo eje central es el hombre y sus afectos, como única manera de darle sentido a la existencia.

Es el caso de Robert Lorenz, que dirige su ópera prima, “Las Curvas de la Vida” (2012), y que durante muchos años se había desempeñado como productor y asistente de dirección del gran Clint Eastwood. De hecho este último es el protagonista de este estreno, Gus, un buscatalentos del béisbol profesional de Estados Unidos, que se dedica a buscar a las nuevas estrellas de este deporte en las universidades del país del norte.

El problema es que Gus está quedando ciego, justo en el período de contrataciones,  y está a tres meses de vencer su contrato con uno de los equipos más importantes de Estados Unidos. Por otro lado, tiene una complicada relación con su hija, la exitosa abogada Mickey (Amy Adams), también amante del béisbol; la cual será clave en esta etapa de su vida, lo que implicará además el reencuentro y la superación de sus diferencias.

En este sentido, claramente “Las Curvas de la Vida” recoge la mejor tradición de las cintas de Eastwood, en las que prima el valor de las relaciones afectivas, como en “Los Puentes de Madison”, “Gran Torino”, “Río Místico” o “Un Mundo Perfecto”, que sutilmente se encargan de señalarnos que la vida se justifica por la capacidad de entregarnos a los demás.

En esta línea también funcionan los personajes secundarios Pete (John Goodman), que lleva trabajando con Gus treinta años y que lo valora tremendamente como amigo y como experto para detectar a los talentos jóvenes; y Johnny (Justin Timberlake), un ex talentoso lanzador, que se lesionó porque lo presionaron demasiado y que ahora busca un lugar como relator de partidos y que se enamora de Mickey.

Lo más importante del filme, y que se traduce en una cámara reposada y que se detiene en los gestos, es la afectividad de los personajes y la solución de sus conflictos; cuyas vidas no son grandes epopeyas, pero sí son fundamentales para sus seres queridos, los que atestiguan que siempre puede ir creciendo la historia en común.
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