martes, 9 de octubre de 2012

“SALVAJES”


Hay directores que demuestran una clara predilección por el montaje y un ritmo desenfrenado; que resulta adecuado cuando la realidad a retratar está relacionada con la violencia y la acción.

Es el caso de Oliver Stone que en su última película, “Salvajes” (2012), cuyo guión también escribió, basado en la novela de Don Winslow; ratifica estas marcas de estilo, apropiadas para una cinta relacionada con el tráfico de drogas y las organizaciones o carteles que se dedican a esta actividad.

Esta misma característica se aprecian en las cintas más conocidas de Stone, que a sus 66 años sigue siendo un director provocativo y arriesgado: “Pelotón (1986), “Wall Street” (1987), “Nacido el 4 de Julio” (1989), “The Doors” (1990), “JFK” (1991), “Asesinos por Naturaleza” (1994), “Nixon” (1995), “World Trade Center” (2006) y “W” (2008).

En “Salvajes” la historia se centra en una pareja de amigos de la adolescencia, Chon (Taylor Kitsch) y Ben (Aaron Taylor-Johnson) que han levantado un imperio en California, a través de la producción y tráfico de un tipo de marihuana de gran nivel de pureza. Ben es el experto en el cultivo del alucinógeno y Chon, como ex marine, es el encargado de la seguridad de la empresa. Y no es lo único que comparten, ya que ambos tienen la misma pareja, la bella O (Blake Lively), que los ama a ambos y se deja querer.

Todo es ideal hasta que surge el interés del cartel de Baja, de México, de asociarse con ellos; ya que nadie produce marihuana de ese nivel y visualizan las enormes posibilidades del negocio. A cargo del grupo mafioso está la “madrina” Elena (Salma Hayek) y su lugarteniente es el pérfido Lado (un notable Benicio del Toro), que cuentan con la complicidad del agente del FBI, Dennis (John Travolta), que juega a dos bandas.

El problema es que Chon y Ben no aceptan la sociedad. A partir de aquí se desarrolla lo medular de la cinta, cuando el cartel secuestra a O; y la pareja de amigos se decide a rescatarla, desatándose una verdadera guerra, excusa para que Stone desate también toda su artillería visual y de efectos de montaje, que transforman al filme en un colorido y alucinado viaje, al ritmo de las balas y la violencia.
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