martes, 9 de octubre de 2012

“LA EXTRAÑA VIDA DE TIMOTHY GREEN”


Hay cintas que logran conjugar una buena idea y una buena resolución; y, como si fuera poco, que apelan y gatillan los mejores sentimientos y emociones de la existencia humana. Son piezas curiosas de la sensibilidad humana, tanto por su nivel de realización como por el mundo único en el cual introducen al espectador.

“La Extraña Vida de Timothy Green” (2012) es una de esas películas, la cual fue dirigida y escrita por el estadounidense Peter Hedges, a partir de una historia de Ahmet Zappa. Hedges, quien también es novelista, se hizo reconocido por haber escrito el guión del interesante filme “¿A Quién Ama Gilbert Grape?” de 1993.  Luego de eso, Hedges, de 50 años, dirigió las cintas “Retrato de April” (2003) y “Como la Vida Misma” (2007), que mantienen el mismo estilo original y sorprendente.

En el caso de “La Extraña Vida de Timothy Green”, relata la historia de una pareja, Jim Green (Joel Edgerton) y Cindy (Jennifer Garner), que viven en un pueblo cuya principal actividad es una fábrica de tradicionales lápices de grafito, y que no pueden tener hijos. La estructura narrativa del filme consiste en largos raccontos, en que cuentan su historia con Timothy (CJ Adams) en una audiencia para demostrar que están preparados para adoptar.

Timothy, de unos once años, es una suerte de ángel que les llegó en el peor momento y tiene hojas en los pies, que va regalando junto con su hermosa y efímera vida; que significará además la maduración como padres de Jim y Cindy y su redescubrimiento como personas orgullosas de sus diferencias y particularidades.

Personajes memorables son también la niña con la que traba amistad, Joni (Odeya Rush), y que también se siente diferente; y Bernice Crudstaff (Dianne Wiest), una de las propietarias de la fábrica y jefa de Cindy en el museo que cuenta la historia de la tradicional compañía.

La cinta emociona por la humanidad de sus personajes, sobre todo el pequeño Timothy; pero también Cindy y Jim, con sus errores y compromisos, que encarnan y representan, a aquellos padres que dan lo mejor de sí mismos en ese rol, aunque muchas veces pequen de sobre protectores y proyecten sus propios anhelos, como pesados fardos, en las vidas de sus hijos.
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