jueves, 20 de septiembre de 2012

“EL PRECIO DE LA CODICIA”


Las crisis financieras mundiales son cíclicas y en este contexto, el manejo de la información es fundamental; sobre todo para las compañías de inversiones grandes, que deben minimizar las pérdidas y luego transformar  el caos en una oportunidad. Todas estas decisiones se realizan en un mundo de cinismo y fuertes contradicciones morales, que hacen de estas empresas un fiel reflejo de las características más frías y egoístas de la especie humana.
Esta realidad es la que nuestra la cinta “El Precio de la Codicia” (2011), primer largometraje del director y guionista estadounidense J.C. Chandor, que en el contexto de la crisis financiera de 2008, desarrolla un fresco de la lógica con que se toman las decisiones en el mercado de la especulación.
Como parte de la crisis inicial, entre los primeros despedidos se cuenta el Director de Riesgos, Eric Dale (Stanley Tucci), que se encontraba en medio de una investigación acerca de la volatilidad del modelo de negocios, sobre el cual se encuentran asentadas las principales operaciones de la empresa. La volatilidad es la frecuencia e intensidad en los cambios de precio de un activo determinado.
Antes de irse entrega el pendrive para que termine el trabajo  a su ex asistente, Peter Sullivan (Zachary Quinto), quien descubre que los números no cuadran, que el modelo es un fracaso  y que la empresa está en riesgo total hace dos semanas. Esto origina una seguidilla de reuniones hacia arriba, en que participan su jefe directo, Will Emerson (Paul Bettany), la gerente de finanzas, Sarah Robertson (Demi Moore); el gerente general, Sam Rogers (Kevin Spacey); el presidente del directorio, Jared Cohen (Simon Baker) hasta llegar al socio mayoritario, John Tuld (Jeremy Irons), quien decide vender todos los activos, sabiendo que valen muy poco, encabezando una nueva ola de crisis, que producirá un impacto telúrico en el mercado financiero.
Con un gran trabajo de cámara, primeros planos y un ritmo agobiante, Chandor, nos va mostrando no sólo la crisis de la empresa y su modelo, sino también las crisis morales y personales que deben afrontar los protagonistas, ya sea por sus decisiones como por la posición en la que quedan luego de la debacle.
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