martes, 14 de agosto de 2012

“NO”


El cine tiene una capacidad evocadora innegable, que no sólo lo hace ideal para recrear episodios históricos de un país, sino también para obligar a los espectadores a tomar una posición frente a esos hechos, que muchas veces fueron fundamentales en el desarrollo posterior.

Esto es lo que ocurre con la cinta “No” (2012), dirigida y producida por el cineasta chileno Pablo Larraín, que recrea los días del Plebiscito de 1988, cuyo resultado obligó al General Pinochet a entregar el poder un año y medio después a la Concertación de Partidos por la Democracia.

Larraín, de 36 años, forma parte de la nueva generación de cineastas chilenos y este es su cuarto largometraje. Antes dirigió “Fuga” (2006), “Tony Manero” (2008) y “Post Mortem” (2010); y en todas ellos, salvo en la pretenciosa “Fuga”, reinterpreta con talento y acierto la realidad nacional con posterioridad al Golpe de Estado de 1973 y antes del retorno a la democracia en 1990.

“No” se inscribe en esta misma línea, aunque ahora se desplaza al límite final de la dictadura, con el retrato de esa gesta cívica y social que fue lo logrado en el Plebiscito de 1988, con la manifestación de la voluntad popular, a pesar del miedo y de la represión ejercidos por el gobierno militar.

Con un tono semidocumental, expresado en el tratamiento de los personajes, en el equilibrio de las acciones e incluso en la tonalidad del color del filme; Larraín reconstruye esos días a través de lo que fue la Campaña del No, por parte de la Concertación; liderada por el publicista René Saavedra (Gael García Bernal), que trabajaba en una agencia cuyo propietario, Luis Guzmán (Alfredo Castro) estuvo a cargo de la Campaña del Sí, por lo cual el espectador ve las dos caras de la moneda.

Saavedra es separado de Verónica (Antonia Zegers), activista opositora, y tienen un hijo pequeño que vive con él, lo que le da al personaje estabilidad y credibilidad humana. Por otro lado, el jefe de Saavedra en la Campaña, Urrutia (Luis Gnecco), es tan burgués como el Ministro Secretario General de Gobierno (Jaime Vadell), lo que entendemos no es casual, sino que se lee como una crítica, en el sentido de que el acceso al poder en nuestro país siempre está radicado en la misma clase social.
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