viernes, 4 de mayo de 2012

“LA OSCURIDAD”


La oscuridad siempre ha sido uno de los elementos que provoca mayor pavor. Y no sólo en los niños. Hay muchos adultos que nunca lograron superar este miedo infantil y lo arrastran toda la vida, por su asociación con lo desconocido y los fantasmas; y por lo tanto la muerte.

Con todos estos elementos juega la cinta “La Oscuridad” (2010), dirigida por el estadounidense Brad Anderson; cuya filmografía es poco conocida en Chile. Con 48 años, había dirigido anteriormente seis largometrajes: “The Darien Gap” (1996), “Next Stop Wonderland” (1998), “Accidentes Felices” (2000), “Sesión 9” (2001), “El Maquinista” (2004) y “Transiberiano” (2008).

Con “La Oscuridad” demuestra ser un buen artesano, que maneja bien el suspenso, aunque la cinta carece de profanidad y se sostiene principalmente por el buen trabajo actoral de los protagonistas.

En una gran ciudad estadounidense, de pronto comienzan a ocurrir apagones generalizados. Al volver la luz, el espectador se percata de que la “oscuridad” se ha llevado a casi todos los habitantes, quedando de ellos sólo su ropa.

Curiosamente no todos mueren, se supone que porque los sobrevivientes están aperados con linternas o focos que llevan encima; aunque la verdad nunca queda del todo claro por qué estos elegidos. Entre ellos, el proyectorista Paul (John Leguizamo), lo que le permite hacer algunos homenajes y guiños a otras cintas; la kinesióloga Rosemary (Thandie Newton); Luke (Hayden Christensen); el niño de trece años, James (Jacob Latimore) y la pequeña Briana (Taylor Groothuis), que tendrá pequeñas pero significativas apariciones.

A través de flashback el espectador se irá enterando de las circunstancias en que cada personaje descubrió el poder de la “oscuridad” y el terror que les provoca, debilidad que posibilita que finalmente los vaya digiriendo uno a uno, para llevárselos a un lugar que se supone que es la muerte, porque la “oscuridad” toma forma de las siluetas de sus seres queridos muertos, que los llaman desde el más allá. Al final, curiosamente, aparece un caballo (parece que la “oscuridad” no come animales) que sacará de la ciudad a los únicos sobrevivientes que, obviamente, serán los niños.
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