martes, 23 de agosto de 2011

“8 MINUTOS ANTES DE MORIR”

La posibilidad de que existan realidades paralelas, donde los seres humanos puedan vivir otras vidas y de alguna manera modificar el futuro es un tema que se está haciendo recurrente en el cine de ciencia ficción, con dispares resultados.

“8 Minutos antes de Morir” (2011), dirigida por el británico Duncan Jones resulta creíble e interesante, aunque no queda del todo claro cuál es el mecanismo que permite al protagonista, el capitán Colter Stevens (Jake Gyllenhaal), piloto de helicóptero, viajar en el tiempo, sobre todo que sólo lo hace mentalmente, ya que se traslada al cuerpo de otra persona.

En la cinta se hace alusión a la física cuántica, como un modo de contextualizar científicamente el asombro que provocan los “viajes” de Stevens. De hecho estas experiencias son parte de un proyecto de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, que dirige el doctor Rutledge (Jeffrey Wright), el cual está obsesionado con lograr el éxito en su investigación.

Uno de los aciertos de la cinta es que el espectador va descubriendo en forma paulatina algunos importantes detalles, tras los reiterados viajes de Stevens, que duran ocho minutos, antes de volver a su realidad mental, ya que realmente se encuentra en estado vegetal desde hace dos meses, producto de una grave herida sufrida en Afganistán.

Jones, de 40 años y que antes sólo había dirigido el premiado largometraje “Luna” (2009), elige el camino correcto al priorizar el tratamiento dramático en el desarrollo narrativo del filme, lo que produce un mayor suspenso. Stevens no se reconoce cuando se mira al espejo, luego se involucra sentimentalmente con una pasajera del tren donde lo envían, Christina (Michelle Monaghan) y por otro lado, la capitana Colleen Goodwin (Vera Farmiga), la operadora del equipo que lo hace viajar, se compromete emocionalmente con Stevens, a cada logro que éste va obteniendo en su misión, que es evitar la explosión de una bomba en el tren.

El desenlace, abierto e hipotético, está bien logrado; dejando en el espectador una sensación de desasosiego y curiosidad, por un tema que siempre abrirá muchas interrogantes.

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