lunes, 29 de agosto de 2011

“MEDIANOCHE EN PARIS”

Con el correr de los años, Woody Allen ha encontrado su mejor estilo: una comedia amable, con toques de humor intelectual y con las preocupaciones propias de un artista que se acerca a su muerte. “Medianoche en París” (2011) alcanza sólidos logros en esta línea de comedia inteligente y lúdica de Allen, en la cual la obtenido sus mayores aciertos.

Allen, de 75 años, ha escrito la mayor parte de sus películas; en las cuales sus personajes tienen marcados rasgos autobiográficos. “Medianoche en París” no es la excepción. El protagonista, Gil Pender (Owen Wilson), es un guionista de Hollywood que quiere ser escritor serio, para lo cual se encuentra escribiendo su primera novela.

Está en París, junto a su esposa Inés (Rachel McAdams); ciudad por la que demuestra una clara admiración, la cual evidentemente también viene del propio Allen. De hecho, el comienzo de la cinta es una series de postales con cámara fija de la Ciudad Luz, tanto de día como de noche, con sol y con lluvia, situación esta última que es la preferida del protagonista, que feliz se quedaría a vivir en esta urbe, llena de historia cultural y de inspiración.

El guiño de ojo de Allen viene de su fantasía, que le permite viajar en el tiempo y vivir el París que más admira, al igual que Pender, el de los años ’20. Después de la medianoche, todos los días recorrerá el París de comienzos del siglo veinte y compartirá con F. Scott Fitzgerald y su esposa Zelda, Cole Porter, Hemingway, Gertrude Stein, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Luis Buñuel, Man Ray, T.E. Eliot, Matisse; en un desfile impresionante de artistas.

Ante tal ambición, el único problema es que algunos de ellos no logran la profundidad necesaria y quedan como simples esbozos o lo peor como maquetas; hecho más notorio en los casos de Hemingway, Picasso y Dalí, lo que hace pensar que tal vez debiera haberse concentrado en menos creadores y haberles dado más densidad y humanidad.

Como corresponde, Gil tiene su historia de amor en París, con Adriana (Marion Cotillard), que sin embargo no perdura, ya que ella, a su vez, prefiere una época anterior, la Belle Epoque; y quedarse con Lautrec, Degas y Gauguin.
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