miércoles, 22 de junio de 2011

“SCREAM 4”

Sin duda reinventarse es una de las grandes dificultades de los autores cinematográficos, más aún cuando algunas de sus cintas se han transformado en clásicos estando con vida.

Es la situación que enfrenta el cineasta estadounidense Wes Craven, al dirigir “Scream 4” (2011), cuarta versión de una de sus cintas más emblemáticas, que lleva el mismo nombre, que dirigió por primera vez en 1996 y que cuenta los asesinatos en serie de Ghostface, cuya máscara es sinónimo de terror.

Luego vinieron “Scream 2” (1997) y “Scream 3” (2000), pensándose que aquí había quedado la serie, pero los estudios fueron capaces de convencer a Craven para esta cuarta parte.

Craven, de 71 años, ya había conseguido el mismo éxito anteriormente con otro clásico, “Pesadilla en Calle Elm” (1984), que tuvo muchas secuelas; pero de las cuales sólo dirigió la primera, “Nueva Pesadilla” (1994); y que también implantó otro de los grandes iconos del terror, el horroroso Freddy Kruger.

Junto con George Romero, John Carpenter y David Cronenberg; Craven completa el grupo primordial en el cine de terror de fines del siglo XX, que intenta, a través de la reinvención, proseguir hacia el siglo XXI; por supuesto con una serie de imitadores y subproductos dignos de ser olvidados.

En “Scream 4”, Craven realiza una cinta entretenida, que logra el principal objetivo del género, cual es el hacernos saltar del asiento: aunque no consigue ese horror casi metafísico ante lo inevitable y que lograr mostrar la indefensión del ser humano ante la violencia desatada y sin sentido.

A falta de esta profundidad, Craven realiza una cinta cargada de referencias cinematográficas al propio género y de autorreferencias a las anteriores “Scream” e incluso a la saga de Freddy Kruger. Otro ingrediente que agrega son ciertos toques de humor, que se hacen cargo de la serie de parodias que, con mayor y menor éxito, se han realizado sobre “Scream” y sobre los otros clásicos del género, también como una manera de reírse de sí mismo.

En esta versión, la única sobreviviente de la tragedia anterior, Sydney Prescott (Neve Campbell), vuelve diez años después al pueblo de Woodsboro, para presentar su libro, en el cual cuenta su experiencia para superar el trauma. Allí encuentra a sus amigos Dewey (David Arquette), que ahora es sheriff; y a la periodista Gale (Courtney Cox), casada con el policía.

Con un nuevo aniversario de los crímenes, Ghostface se hace nuevamente presente, persiguiendo sobre todo a un grupo de jóvenes, entre los cuales se encuentra la prima de Sydney, Jill (Emma Roberts); su ex pololo, Trevor (Nico Tortorella), su amiga Kirby (Hayden Panetierre) y los cinéfilos Charlie (Rory Culkin) y Robbie (Eric Knudsen), que protagonizan una serie de intrigas y giros del guión que permiten a Craven reinventarse y estar a la altura de la exigencia.
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