miércoles, 11 de mayo de 2011

“AMOR DE MADRES”

La adopción es un tema complejo e interesante, que tiene muchas aristas y que se presta para llevarlo al cine, a través de una narración del tipo coral, utilizando el montaje paralelo; y evidentemente con una sensibilidad a la altura de esta singular temática.

“Amor de Madres” (2009), cuyo título original en realidad es “Madre e Hijo”, dirigida y escrita por el cineasta colombiano Rodrigo García, está a la altura de las circunstancias y nos ofrece un sentido drama en sordina, que impacta por la asociación de imágenes y por la presentación de personajes marcados por el infortunio y la duda.

García, de 51 años, y que estudió cine en Estados Unidos, ha desarrollado toda su carrera en el país del norte, con cuatro largometrajes anteriores: “Cosas que diría con sólo Mirarla” (2000), “Diez Pequeñas Historias de Amor” (2001), “Nueve Vidas” (2005) y “Pasajeros” (2008), de los cuales algunos han sido exhibidos a través del cable y que demuestran un estilo personal y muy focalizado en el desarrollo de los personajes, con tipologías que dan cuenta de sus preocupaciones existenciales y de los problemas de la vida moderna.

En “Amor de Madres”, los personajes son como vidrios diferentes de un mismo prisma, que es la adopción. Está la historia de la niña que fue entregada en adopción recién nacida, ya que su madre la tuvo a los catorce años; que hoy tiene 37 y que es una exitosa abogada, Elizabeth (Naomi Watts), pero que tiene un tremendo resentimiento y en el fondo un gran dolor, ya que nunca supo nada más de sus verdaderos padres y no puede comprender cómo pudieron abandonarla.

Por otro lado, paralelamente, presenciamos la historia de su madre, Karen (Annette Bening), fisioterapeuta, que a su vez vive con su progenitora, Nora (Eyleen Ryan), que está moribunda. Sumidas en la incomunicación, mantienen una relación cortante y con monosílabos, a pesar del evidente amor que se profesan, producto de los sentimientos de culpa por el pasado y de las cosas no dichas entre ambas.

El triángulo de mujeres protagónicos lo completa Lucy (Kenny Washington). joven dueña de una pastelería, que no puede tener hijos y que, primero por agradar a su esposo, Joseph (David Ramsey); y luego por compromiso personal, asume la adopción, como un modo de completarse a sí misma, como mujer y como persona. En este trance conoce a Ray (Shareeka Epps), una adolescente que no quiere al hijo que espera y que pareciera que va a repetir el ciclo funesto, lo cual no ocurre finalmente gracias al apoyo irrestricto de su madre.

Los hombres en la cinta cumplen papeles secundarios, pero fundamentales. Paul (Samuel Jackson), el abogado jefe de Elizabeth, claramente reemplaza y proyecta a su padre inexistente; y Paco (Jimmy Smits), conquista con mucha dificultad a la amarga Karen, haciéndola retomar el camino de valorar las cosas mínimas y hermosas de la vida, principalmente los afectos.

García opta por hacer que las tres historias femeninas de la cinta se terminen entrecruzando, sin el menor atisbo de final feliz y sin la menor concesión al drama, como consecuencia inevitable de los errores cometidos, pero dejando claro que la voluntad desplaza la vida, como dijera el gran Truman Capote.
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