viernes, 15 de abril de 2011

“LAZOS DE SANGRE”

De cuando en vez llegan a las salas nacionales muestras del cine independiente de Estados Unidos; lo que aparte de ser una muy buena noticia, nos da la oportunidad de tener una visión diferente de ese país, por su propios creadores, por aquellos que están fuera de los circuitos comerciales que, por lo mismo, tienen una mirada bastante más crítica y menos conciliadora con su propia idiosincrasia. “Lazos de Sangre” (2010) dirigida y escrita por la cineasta Debra Granik, y basada en la novela de Daniel Woodrell, nos relata la cruda vida de un pueblo montañés de Missouri, a través principalmente de la historia de Ree Dolly, una joven de diecisiete años, que se transforma en el sostén de su familia, que incluye a una madre enferma, dos hermanos menores, Sonny (Isaiah Stone) y Ashlee (Ashlee Thompson); y un padre que acaba de salir de la cárcel en libertad condicional, y que se encuentra desaparecido. Su padre, como mucho otros en el lugar, se dedicaba a producir drogas en laboratorios caseros; pero éste no es su verdadero problema, ya que el pueblo tiene su propia ley, sino más bien una supuesta delación, que le ha permitido salir libre. “Hay cosas que no se hacen”, escuchamos decir en repetidas ocasiones a varios personajes, respecto de la conducta del padre de Ree. Este es uno de los méritos del filme. Aparte de la cruda realidad que debe vivir Ree para mantener a su diezmada familia, todo está sugerido: la culpabilidad exacta de su padre, la suerte de éste y su destino final, en un desenlace estremecedor, pero a la altura de las condiciones de vida del lugar, tan distintas de las que imperan en las grandes ciudades del país del norte, según nos muestra su propio cine. La cinta se estructura en torno al periplo de Ree por ubicar a su padre, más que por tener ganas de verlo; por el hecho de que si aparece perderán la casa, por las deudas contraídas para el pago de su fianza. En estas peripecias, se encontrará y chocará con diversos parientes directas y políticos, ya que en la zona todo el mundo está emparentado. De hecho, sólo una amiga, Connie (Valerie Richards) y un tío, Teardrop (John Hawkes), la ayudarán en esta travesía que la hará crecer y ser respetada, “como toda una Dolly”. Una de las escenas más notables es cuando Ree es atacada por un grupo de mujeres, para escarmentarla. Esta escena es de una gran violencia, pero tácita y contenida. De hecho no se ve explícitamente la golpiza, pero sí sus consecuencias y el peligro de muerte que Ree corre reiteradamente. Granik, de 48 años, y que antes había dirigido sólo un largometraje, “Down to the Bone” (2004), realiza un retrato cabal de la violencia con que se vive en zonas rurales, por lo dificultoso de la sobrevivencia, lo que lleva muchas veces al alcoholismo, la drogadicción y al tráfico, lacras que se piensa son privilegio de las grandes urbes; pero que de todos modos requieren códigos de honor, donde la delación no tiene cabida.
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