jueves, 3 de marzo de 2011

“LA EPIDEMIA”

Es interesante ver como las mejores películas de ciencia ficción, thriller o cine fantásticas tiene varias lecturas, que hacen precisamente más rica su interpretación y su sentido.

“La Epidemia” (2010), cuyo titulo original es “The Crazies”, remake de una cinta del mismo nombre, que en 1973 dirigió el maestro del cine de zombis George A. Romero y que en este nueva versión oficia de productor ejecutivo; cumple con esta premisa, ya que se puede leer como un thriller de ciencia ficción, pero también como una crítica al sistema y al abuso de poder en Estados Unidos, ante una posible crisis ambiental.

Esta nueva versión es dirigida por Breck Eisner, cineasta estadounidense de 40 años, que anteriormente había dirigido “Thoughtcrimes” (2003) y “Sahara” (2005), con limitado éxito comercial.

En “La Epidemia”, sin embargo, demuestra su buen oficio. El filme se desarrolla en un típico pequeño pueblo norteamericano, llamado Ogden Marsh; pero lo inusual es que el pueblo está absolutamente en llamas. Estas son las primeras imágenes de la película.

De ahí la narración nos retrotrae a dos días antes, en lo que será la cronología de cómo el pueblo llegó a ese estado y la posterior huída de los protagonistas: el sheriff, David (Timothy Oliphant); su esposa, la doctora del pueblo, Judy (Radha Mitchell); su joven asistente en el centro médico, Becca (Danielle Panabaker) y el alguacil, Russell (Joe Anderson).

Lo interesante es que este pueblo, ubicado en medio de la nada en el mapa estadounidense, es vigilado por la Agencia de Seguridad Nacional a través del satélite, sin que sus ciudadanos tengan idea, en una metáfora muy similar de lo que se conoce como el Gran Hermano, esa especie de ojo vigilante omnipresente, que salvaguarda los “valores” del sistema de gobierno del país del norte.

En este caso, un avión cargado con un arma química del Ejército, que cae sobre el afluente que provee de agua al pueblo, provocará primero la locura de los habitantes, sin que se sepa la razón; y luego los transformará en zombis violentos.
Hasta ahí podía ser una película de zombis, bastante clásica, pero muy bien manejada, ya que el mal se siente, pero al no tener explicación produce mayor temor, sobre todo por el contraste con la calma providencial de este pueblo de postal.

Entonces se desencadena el verdadero horror cuando llega el Ejército a hacerse cargo del pueblo y a poner en “cuarentena” a los contaminados, sin dar explicaciones, separando familias y desplegando una grado de violencia, aún mayor que el de los propios zombis, por una supuesta preocupación por la salud de los habitantes, cuando en realidad el objetivo final es simplemente, y sin asco, la desaparición total del pueblo completo, nuevamente como metáfora de lo que hace el poder con los que disienten profundamente.
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