viernes, 18 de marzo de 2011

“LA CASA MUDA”

Hay directores que gustan autoimponerse exigencias temáticas y técnicas, que convierten la realización del filme en un desafío creativo, muy lejano a las prácticas habituales del cine comercial.

Es el caso de “La Casa Muda” (2010), ópera prima del cineasta uruguayo Gustavo Hernández; director, autor de la historia y editor de esta interesante cinta de terror, inspirada en hechos policiales reales, ocurridos en 1944 en el país sudamericano.

Desde el punto de vista temático, el género de terror no es una fácil valla para un director debutante. Hernández, de 37 años, había trabajado anteriormente sólo en publicidad y en producción de videos musicales; pero supera la prueba de buena forma, ya que en un espacio cerrado y con cuatro personajes logra transmitir al espectador el temor a lo desconocido y luego a la locura.

La clave de este logro es que Hernández sugiere más de lo que muestra explícitamente; con lo cual nunca queda claro del todo el origen de los sucesos y también permite varias interpretaciones de los hechos, aunque al final la opción de la enfermedad mental de Laura (Florencia Colucci) se ve respaldada por la imágenes.

Todo comienza plácidamente en el campo, en las afueras de Montevideo, cuando Laura y su padre, Wilson (Gustavo Alonso), van llegando al atardecer a una casona, que deberán limpiar y reparar al día siguiente, por encargo del dueño de casa, Néstor (Abel Tripaldi). Esa misma noche comenzarán a ocurrir cosas extrañas en la casa, lo que originará las muertes de Wilson y Néstor.

Desde el punto de vista técnico hay dos hechos que marcan notoriamente la opción estética del director. En primer lugar, la cinta está filmada como un plano secuencia único, lo que aparte de ser un tour de force de estilo, resulta apropiado, ya que el espectador se involucra en los hechos como un protagonista más, en busca de respuestas a los singulares acontecimientos.

La otra singularidad, que en todo caso no incide en la calidad de la cinta, es que fue filmada con una cámara de fotos; de lo cual cuesta darse cuenta por el alto nivel de resolución y por el buen trabajo de montaje y puesta en escena del filme, que ha tenido tal aceptación crítica y de público, que ya se realizó un remake de él, en Estados Unidos; que habrá que ver si mantiene las características de estilo y de autoría, o se optó por una vía más comercial, como ha ocurrido con muchos remakes estadounidenses de cintas de terror japonesas.

A nivel de personajes, sin duda el más complejo y desarrollado es el de Laura, que paulatinamente va transitando desde la ingenuidad adolescente, pasando por el terror ante lo inexplicable, para desembocar en un personaje femenino, con una fuerte carga erótica, en lo cual tienen un papel clave las fotografías polaroid en el muro de la habitación del pecado; que asume incluso la maternidad de la hija (María Salazar) que pudo ser.
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