jueves, 17 de febrero de 2011

“TEMPLE DE ACERO”

Una de las marcas de estilo de los hermanos Joel y Ethan Coen es su constante homenaje al cine de género, especialmente a aquellos que se han constituido en parte de la identidad del cine estadounidense, como son la comedia irónica, el cine negro y el western.

En esta oportunidad, con “Temple de Acero” (2010), continúan en esta línea realizando un remake de un western clásico, al cual logran impregnarle con gran éxito su impronta creativa y su visión oscura de la realidad, entendemos que como una metáfora de lo que es Estados Unidos en la actualidad.

La versión original fue dirigida por Henry Hathaway en 1969 y el protagonista fue encarnado por John Wayne. En esta oportunidad, el tuerto marshall Rooster Cogburn es interpretado notablemente por Jeff Bridges; pero quien se roba la película es la actriz Halee Steinfeld, que interpreta a Mattie Ross, la adolescente de dieciséis años que contrata a Cogburn, para perseguir y detener al asesino de su padre, Tom Chaney (Josh Brolin).

Esta odisea de persecución, en la cual participa también el granger de Texas Laboeuf (Matt Damon), es la columna vertebral narrativa de la cinta; convirtiéndose en un viaje de amistad, respeto, crecimiento y purificación de sus protagonistas.

Los hermanos Coen, Joel, de 56 años; y Ethan de 53, han dirigido importantes comedias y thriller, fundamentales en el cine estadounidense de los últimos 30 años, como “Simplemente Sangre” (1984), “Educando a Arizona” (1987), “Barton Fink” (1991), “Fargo” (1996), “El Gran Lebowski” (1998), “El Hombre que Nunca Estuvo Allí” (2001), “El Quinteto de la Muerte” (2004) y “Sin Lugar para los Débiles” (2007), entre otras.

En “Temple de Acero”, que dirigen, producen, editan y escriben, sobre la novela de Charles Portis; los hermanos Coen recrean lo mejor de su cine, para entregarnos una cinta de primer nivel, en homenaje al sentido profundo del western, como depositario de los valores más rescatables y propios de la idiosincrasia estadounidense.

Los códigos de honor de personajes como Cogburn y Laboeuf, a pesar de sus defectos, llaman la atención por su humanidad y sencilla grandeza. El alcoholismo y la brutalidad en el caso del primero; y el amaneramiento y la arrogancia, en el caso del segundo, no son impedimentos para que en este viaje aparezcan lo mejor de su personalidad, en apoyo de Mattie, como en una suerte de cruzada moral.

Porque en principio lo que anima a la joven es la venganza; pero luego asomarán otros sentimientos más elevados en esta travesía, cual son la amistad, el respeto a los demás, la perseverancia, la decisión yel loghro de un objetivo, por difícil y suicida que parezca.

La naturaleza es otro elemento clave en este género cinematográfico. Con su crudeza y dificultad, está siempre ahí recordándole a los personajes su finitud y sus limitaciones; pero también que las pruebas permanentes que ofrece son vallas que sólo superarán los voluntarioso y los que tengan temple de acero.
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