viernes, 1 de octubre de 2010

“HATCHIKO SIEMPRE A TU LADO”

La ternura es un tema difícil de tratar, pero paradójicamente es un tema fundamental dentro de la historia del cine.

Hay películas claves en el desarrollo del séptimo arte como “Ladrón de Bicicletas” de Vittorio de Sica o “El Chico” de Charles Chaplin que se fundamentan en este sentimiento tan engorroso y tan humano; y que tal vez es una de las emociones claves en la infancia. Quizás de este modo, cuando se pierde este sentimiento, se puede saber cuando un adulto ha perdido su alma de niño.

El sueco Lasse Hallstrom, de 64 años, ha basado gran parte de su filmografía en resaltar la emotividad humana y en los buenos sentimientos, lo que lo transforma en una suerte de cineasta del realismo mágico o post neorrealista, con el peligro de caer en el sentimentalismo o en el melodrama.

Cintas como “Mi Vida es un Perro” (1985), que lo lanzó a la fama; “Querido Intruso” (1991), “¿Quién Ama a Gilbert Grappe?” (1995), “Algo de qué Hablar” (1995), “Las Normas de la Casa de Sidra” (1999), “Chocolate” (2000), “Atando Cabos” (2001), “Una Vida por Delante” (2005), “Casanova” (2005), “La Gran Estafa” (2006) y “Querido John” (2010) establecen un estilo basado en la humanidad y en un buen manejo del lenguaje cinematográfico.

En “Hatchiko Siempre a tu Lado” (2009) Hallstrom ratifica esto, aunque no es su última película e incluso ya había sido estrenada en el cable; lo cual, en este caso, no le quita valor, ya que la cinta, basada en la historia real de un fiel perro japonés, emociona tremendamente y manifiesta un apropiado manejo técnico.

El filme es la historia de Hatchi, un perro akita, que es enviado desde Japón, siendo cachorro, como regalo a Estados Unidos, pero se pierde la tarjeta con el nombre del destinatario y llega a las manos del profesor de danza y músico Parker Wilson (Richard Gere), quien lo encuentre vagando en la estación de trenes.





Desde el comienzo se produce una conexión química entre ambos, a pesar del rechazo inicial de la esposa de Parker, Cate (Joan Allen); ya que aún está muy presente el sufrimiento causado por la muerte de la mascota anterior. Pero, como se lo da a entender su amigo, el profesor Ken (Cary-Hiroyuki Tagawa), los akita son muy especiales: considerada la primera raza canina en la tierra son de una inteligencia y de una lealtad difícil de encontrar.

Se podría pensar que esta es una película infantil o que fácilmente caerá en el sentimentalismo fácil, pero Hallstrom se cuida de ambas cosas y nos cuenta la historia con mesura y contención estilística; lo cual no impide que la historia y el filme golpeen con eficacia y validez las puertas de la emoción del espectador sensible y con alma de niño.
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