jueves, 3 de junio de 2010

“UN POLICIA CORRUPTO”

Pocos son los cineastas que constituyen un mundo en la pantalla, en el cual la ficción y el documental conviven y se confunden, contaminándose de tal modo que lo que reconocemos finalmente es un modo de mirar más que una temática.
El alemán Werner Herzog es uno de aquellos directores que a lo largo de su trayectoria han rescatado y conservado imágenes e historias humanas dignas de sobrevivir a la hecatombe y el olvido.
Y a pesar de que hace muchos años no sabíamos de su trabajo y ahora nos enteramos de que hace varios está haciendo cine en inglés, su último filme, “Un Policía Corrupto” (2009), mantiene esa mirada única, en la que lo extraordinario irrumpe en medio de la contingencia más prosaica, en este caso la historia de un policía de New Orleans, Terence Mc Donagh (Nicolas Cage), que sucumbe paulatinamente a la locura, a través del camino de las drogas y la violencia.
Herzog, director de cintas únicas como “Señales de Vida”; “Los Enanos también comenzaron desde Pequeños”; “Fata Morgana”; “Aguirre , la Ira de Dios”; “Kaspar Hauser”; “La Tierra del Silencio y la Oscuridad”; “Corazón de Cristal”; “Stroszek”; “Nosferatu”; “Woyzeck”; “Fitzcarraldo”; “El gran Extasis del Tallista Steiner”; nos muestra el recorrido que realiza el teniente Mc Donagh desde una aparente normalidad a una suerte de esquizofrenia que, sin embargo, no le impide sortear las adversidades mundanas, incluso ascender a capitán de policía.
En este itinerario, que se desencadena con la matanza de una familia de africanos ilegales, es acompañado por el policía Stevie (Val Kilmer); por su pareja, la prostituta Frankie (Eva Mendes); por su padre ex policía, Pat (Tom Bower); por el corredor de apuestas Ned (Brad Dourif); y por el narcotraficante Big Fate (Xzibig), con quienes establecerá relaciones de dependencia y desequilibrio.
Este se manifiesta en sus acciones y diálogos. Entre estos, Terence lanza algunas frases memorables y decidoras de su estado: “Un Hombre es su Arma”, “Dispárale Nuevamente porque su Alma sigue Bailando” y “¿Los Peces Sueñan?”. Este paulatino desquiciamiento se manifiesta visualmente en primeros planos de cocodrilos, iguanas y un perro sin dueño, que finalmente nos terminan siendo familiares.
La primera imagen de la cinta, una víbora nadando, nos da el tono de perdición y envenenamiento que contaminará lentamente la vida de Terence. Un daño permanente en su espalda, que lo obligará a caminar chueco y a ingerir vicodin por el dolor, del cual pasará a la cocaína, el crack y la heroína; son señas físicas de su estado interior.
Poco queda a esa altura de su sueño infantil, en el cual jugaba a descubrir el tesoro de los piratas en el patio, cavando hasta encontrar una cuchara de plata, que con los años se ha oxidado completamente.
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